martes, 10 de julio de 2012

Sobre la Afectación Social del Niño Mexicano: Descomposición y Recomposición en la Familia Postmoderna [Javier J. León]


En un mundo sumido en lo que Frederic Jameson atinara en llamar esquizofrenia social (Habermas, J.; Baudrillard, J.; Said, E.; Jameson, F. et al., 2000), las familias se descomponen y recomponen, adquieren una nueva forma – o re-forma – devenida, las más de las veces, caótica; lo anterior, surgido a raíz de la confusión intrínseca que a la postmodernidad caracteriza como síntoma y trastorno. Sin embargo, el advenimiento de familias homoparentales, la posibilidad que han adquirido las mujeres de procrear sin la necesidad del portador de la simiente masculina y otros modelos descritos, principalmente, por Élisabeth Roudinesco (2003), no son sino la punta del iceberg en el universo de la problemática actual: la aparición de enfermedades incurables transmitidas genéticamente por padres infectados, la distribución inequitativa del capital en pequeños sectores de la sociedad dominados por figuras de poder carentes de rostro, el decaimiento de la educación en todos sus niveles, la sustitución de la manufactura por la mecanofactura, el consumo de alimentos trans y el desarrollo físico precoz de algunos niños derivado de ello, el uso indiscriminado de antibióticos y píldoras que han llevado a los medicamentos a formar parte de la canasta básica del hogar, la longevidad cada vez mayor de los habitantes de países industrializados 1… Todas y cada una de estas situaciones actúan en una forma rizomática desvirtuada (Deleuze & Guattari, 1988), pervirtiendo las dinámicas familiares actuales – ya de por sí afectadas – y, por tanto, el escenario interno de cada sujeto. Es así que, en breves párrafos, intentaré elucidar de la manera más clara posible la forma en que algunos de estos factores han influido en la colectividad actual, predominantemente en el sector juvenil.


Del Morbo Sacro

El SIDA es una enfermedad vírica relativamente nueva, sin embargo, aún no hay un consenso sobre la etiología específica de la misma: la mordedura del cercopiteco verde – especie de simio habitante de Zaire a la que el virus afecta endémicamente – y la retransmisión vía mosquito entre la población humana (Pamplona-Roger, 1986), prácticas zoofílicas en zonas pertenecientes al África Central (Durham & Cohen, 1990), etc. Ambas, teorías que prevalecen a la fecha. Empero, no es mi intención abordar los antecedentes históricos de la enfermedad, sino la forma en que su aparición ha devenido recomposición en familias mexicanas de estratos socioeconómicos medios e inferiores, principalmente.

Según estimaciones de la Panamerican Health Organization,

en América Latina y el Caribe se infectan más de 500 personas por día, lo cual implica que muchos de esos hombres, mujeres y niños morirán en la siguiente década, uniéndose a las 557 mil muertes ocasionadas por el SIDA en los últimos veinte años (PAHO, 2001 en Alarcón Segovia & Ponce de León Rosales, 2003).

En suma, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) distingue 3 formas de epidemia en cuanto a dicha entidad fisiopatológica: 1) Epidemias predominantemente heterosexuales; 2) Epidemias predominantemente homo-bisexuales y 3) Epidemias mixtas, con peso importante de los usuarios de drogas inyectables (UDI) (OPS, 2001 en Alarcón Segovia & Ponce de León Rosales, 2003). De estas 3 modalidades, la primera impera en Centroamérica, representando un 79% de los casos acumulados (ibid). Así pues, resulta fácil inferir que, en México, la transmisión del virus al producto fetal se da con mayor frecuencia que en otras entidades de América Latina. Entonces, ¿qué ocurre en el núcleo de familias infectadas cuando el pequeño ser contagiado sale al mundo? Mi propia experiencia en instituciones de salud de cuarto nivel me indica que no todo es desolación y sufrimiento para el mismo: tratamiento multidisciplinario, apoyo familiar e institucional son factores que coadyuvan en la disminución de la mortalidad a corto plazo que caracteriza a esta entidad. Sin embargo, hay muchas otras realidades menos favorables... ¿Qué ocurre con los niños cuyos padres son enfermos terminales? ¿Qué clase de introyectos destruidos colman su mundo interno ante la presencia fantasmática y real de la temida muerte? ¿Está hecho nuestro país para llevar un seguimiento eficaz de este tipo de casos…? Tristemente, no. El hecho es que un alto porcentaje de estos niños pasa por la recomposición paulatina de la estructura familiar a la que pertenecían, fuera ésta sana o no; ora, orillándolos a la búsqueda de un vínculo gregario con sujetos en la misma condición médica – durante la adolescencia, principalmente –, ora, al aislamiento social y/o familiar 2. No obstante, así como el ambiente sufre un cambio real para con el infectado, los teatros de la mente experimentan una situación análoga que bien puede pervertir en blancos (Green, 1994) o productos muertos en el escenario personal. Pero las enfermedades incurables no son la raíz única ni el factor causal por excelencia de la recomposición familiar.


Sobre el Despotismo poco Ilustrado

La guerra imperialista ha acelerado y agudizado extraordinariamente el proceso de transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado. La monstruosa opresión de las masas trabajadoras por el Estado, que se va fundiendo cada vez más estrechamente con las asociaciones omnipotentes de los capitalistas, adquiere proporciones cada vez más monstruosas (Illich Ulianov, 1917).

Breve frase introductoria a una de las más famosas obras del a veces repudiado, y otras veces vitoreado, Vladimir Illich Ulianov, Lennin, misma que nos hace ver, casi 100 años después, que nuestra situación económico-política actual no es, por mucho, tan actual. Sin embargo, y como bien señala Antonio Sandoval Ávila, sí ha sufrido de una suerte de transformaciones, evolucionando a lo que hoy en día se conoce como globalismo, “concepción según la cual el mercado mundial desaloja o sustituye al quehacer político, esto es, la ideología del dominio del mercado mundial o la ideología del liberalismo” (2007).

Siguiendo el modelo criticado por Lennin, los monopolios capitalistas unirían sus fuerzas con las del Estado para, así, atraer ganancias multimillonarias que, con mayor facilidad y respaldo de la legalidad, podrían concentrarse en pequeños sectores de la sociedad 3. Desde el advenimiento del globalismo, estos pequeños sectores han alcanzado un poder tan absoluto que el Estado ya no tiene forma de frenarlo, quedándole únicamente la subordinación y concesión de ridículas facilidades 4. Este, y otros factores, no hacen sino ir en detrimento de la capacidad adquisitiva del pueblo bajo una lógica mercantilista del manejo de recursos que no ha servido sino para depauperar al desposeído y llenar más las arcas del preenriquecido. Por tanto, la dinámica familiar vuelve a sufrir una transformación. Los hijos entran a laborar en edad escolar, ya sea vendiendo chicles, haciendo malabares o incluso empaquetando frituras, y no es que el trabajar desde temprana edad sea un problema en sí; el acento recae sobre las jornadas extenuantes y mal remuneradas a las que se enfrentan, mismas que no dejan espacio para el libre esparcimiento o el estudio, situación tan necesaria en un país donde los libros sirven más de calzador que de instrumento lúdico y continente de conocimientos. Entonces, ¿qué ocurre con aquellos niños (as) sin oportunidades académicas ni de ninguna otra clase? No cabe duda de que, en el caso de los que trabajan como obreros, asumirán un rol que no les corresponde dentro del núcleo familiar, como el del proveedor, por ejemplo. En el caso de los niños no trabajadores, pero que tampoco acuden a la escuela por determinadas razones, podemos suponer 3 posibilidades principales: 1) Algunos no ocuparán su tiempo sino en actividades improductivas como el ver TV durante todo el día; 2) Otros buscarán relacionarse con niños en su misma situación, lo que podría llevarlos a delinquir como diversión y, posteriormente, como estilo de vida y modo de supervivencia; 3) Otros tantos se verán en la necesidad de cubrir el papel de ama de casa – sean hombres o mujeres –, volviendo a ejercer un rol poco adecuado a sus capacidades tanto físicas como cognitivas, entre éstas últimas, el discernimiento. Así pues, no toda consecuencia repercute negativamente en la estructura familiar ni de sus miembros, todo dependerá de su cohesión articular y de la fortaleza yoica de éstos. Si bien un niño trabajador decide delinquir para atraerse mayores ganancias, otro niño en condiciones similares puede decidir invertir sus pobres ingresos en la escuela para, poco a poco, alcanzar otro nivel en el que su trabajo valdrá un poco más que el sueldo mínimo.

Lo anterior no nos obliga sino a reflexionar acerca de la decadencia de un complejo de sistemas oligárquicos que han convertido – en el imaginario colectivo – a la Ley del Padre (Lacan, 1958) en una especie de modelo hysterofalocéntrico que recuerda a la figura combinada concebida en la teoría psicoanalítica kleiniana (1945); lo anterior, sin alcanzar la fase femenina y, por tanto, la capacidad para formar los símbolos generadores de otredad, creatividad y productividad. Podríamos argüir que estamos sometidos a un sistema fetiche, mismo que nos hunde en la renegación y falsa idea de que Estado (♂) y Nación (♀) son uno y el mismo; en consecuencia, la primera reacción del postmoderno es alienarse al modelo del Estado (♂) Neoliberal (♂), deslindándose de responsabilidades y culpa, pues el ensimismamiento narcisista es el mejor refugio del terror que aquella figura combinada representa. En vez de progresar, caemos en las redes de nuestros propios mecanismos regresivos que, a pesar de todo, nos mantienen aparentemente equilibrados aunque en una especie de narcicización social.

Teniendo en cuenta que la Ley del Padre no es patente sino como representación con la que se puede investir, ora al padre, ora a la madre – con clara inclinación de la balanza hacia el primero –, una vuelta a la familia (♀) y la insubordinación a los dispositivos inflexibles de el Estado (♂) demuestra ser la solución que inconscientemente buscamos actualmente. A partir de esto, podemos teorizar 2 posibilidades: 1) La renuncia al padre posibilitaría la elaboración de un Edipo social en el que cada grupo buscaría la representación materna en figuras alternativas y mediante la formación de una familia propia; 2) En vez de desplazar e investir objetos nuevos, la vuelta a la familia se convertiría en una vuelta literal hacia la madre, evidenciando fantasías simbióticas y en ninguna forma progresivas (Mahler, 2005). Después de todo, primero hubieron una Gea, una Isis, una Lilith y otras representaciones femeninas que en algún momento imperaron sobre la Ley del Padre. En México, la conquista favoreció el desplazamiento de Coatlicue en la figura de la Virgen de Guadalupe; esto, no en la forma que se esperaría para hallar una homeostasis psíquica real. Sólo podemos esperar a ver cómo las nuevas generaciones elaboran su propia actualidad, no sin antes dotarlas de una historización congruente que las lleve a asimilar la problemática social, no sólo en beneficio personal sino en aras de ayudarse en colectividad, esperando los dispositivos de control económico-políticos no coadyuven más en la instauración de la improductividad mental que, a la fecha, nos caracteriza como sociedad. 






Notas

1 En un profundo estudio antropológico sobre l’histoire des mentalités, Robert Darnton (1987) deja en claro que muchas de estas situaciones no son exclusivas e inherentes al siglo XX; así pues, la causa formal de las manifestaciones sociales puede variar, pero la causa eficiente sigue concurriendo con dificultades cuasidénticas.

2 Hace un tiempo, tuve la oportunidad de entrevistar a un joven afectado por el virus, mismo que buscó solaz y consuelo en compañeros afectados por su misma condición médica. El acento recae en el hecho de que no siempre la familia consanguínea será en quien recaiga la confianza o la búsqueda de apoyo; a veces, incluso, ni siquiera será la más indicada para promover la profilaxis psíquica que estos individuos necesitan. Claro que esto no significa que el aproximarse a personas en igual situación sea la panacea pues, como bien me demostró aquél joven, la continua convivencia de esta índole puede llevar a conflictos más serios ante el encuentro constante con la pulsión de muerte de otros individuos.

3 Ahí tenemos el ejemplo de magnates tales como Carlos Slim Helú (Grupo Carso), Emilio Azcárraga Jean (Televisa), Ricardo Salinas Pliego (TV Azteca) e incluso el afamado narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, alias, El Chapo Guzmán (Véase Referencias Electrónicas).

4 Recordemos el caso de Rafael Caro Quintero, otro capo de la droga cuyo poder económico era tal, que se ofreció a pagar la deuda externa del país a cambio de poder seguir traficando a placer. Incluso el monopolio de Telcel frente a otras compañías de telefonía celular es excelente ejemplo del poder del capital sobre el del Estado pues, a pesar de que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) es una dependencia del gobierno, no ha podido hacer mucho en cuanto a las altas tarifas de esta empresa y al hecho de que sólo Telcel tiene alcance de señal en casi toda la República.






Referencias

Bibliográficas

  • Alarcón Segovia, D. & Ponce de León Rosales, S. (2003). El SIDA en México: Veinte años de la Epidemia. México: El Colegio Nacional.
  • Darnton, R. (1987). La Gran Matanza de Gatos y otros Episodios en la Historia de la Cultura Francesa. México: FCE.
  • Durham, J. & Cohen, F. (1990). Pacientes con SIDA. Cuidados de Enfermería. México: El Manual Moderno.
  • Green, A. (1994). El Trabajo de lo Negativo. Buenos Aires: Amorrortu.
  • Habermas, J.; Baudrillard, J.; Said, E.; Jameson, F. et al. (2000). La Posmodernidad. México: Kairo.
  • Illich Ulianov, V. (1917). El Estado y la Revolución. Madrid: Alianza Editorial. 2006.
  • Klein, M. (1945). El Complejo de Edipo a la Luz de las Ansiedades Tempranas [Obras Completas, Tomo I]. Buenos Aires: Paidós.
  • Lacan, J.J. (1958). La Significación del Falo [Escritos]. México: Siglo XXI.
  • Mahler, M. (2005). Simbiosis Humana. México: Joaquín Mortiz.
  • Roudinesco, É. (2003). La Familia en Desorden. México: FCE.
  • Sandoval Ávila, A. (2007). De la Familia a la Calle: La Expulsión de los Hijos. México: Universidad de Guadalajara.


Hemerográficas

  • Pamplona-Roger, J. D. Sida (aids). Suplemento de Viva Mejor. México, D.F. Publicaciones Internacionales de la Pacific Press. 1986. p.p. 2,3.


Electrónicas

  • http://www.forbes.com/billionaires/#p_1_s_a0_All%20industries_All%20countries_All%20states_Mexico

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