En un mundo sumido en lo que Frederic Jameson atinara en llamar esquizofrenia social (Habermas, J.;
Baudrillard, J.; Said, E.; Jameson, F. et
al., 2000), las familias se descomponen y recomponen, adquieren una nueva
forma – o re-forma – devenida, las
más de las veces, caótica; lo anterior, surgido a raíz de la confusión
intrínseca que a la postmodernidad caracteriza como síntoma y trastorno. Sin
embargo, el advenimiento de familias homoparentales, la posibilidad que han
adquirido las mujeres de procrear sin la necesidad del portador de la simiente
masculina y otros modelos descritos, principalmente, por Élisabeth Roudinesco
(2003), no son sino la punta del iceberg en el universo de la problemática
actual: la aparición de enfermedades incurables transmitidas genéticamente por
padres infectados, la distribución inequitativa del capital en pequeños
sectores de la sociedad dominados por figuras de poder carentes de rostro, el
decaimiento de la educación en todos sus niveles, la sustitución de la manufactura por la mecanofactura, el consumo de alimentos trans y el desarrollo físico precoz de algunos niños derivado de
ello, el uso indiscriminado de antibióticos y píldoras que han llevado a los
medicamentos a formar parte de la canasta básica del hogar, la longevidad cada
vez mayor de los habitantes de países industrializados 1… Todas y
cada una de estas situaciones actúan en una forma rizomática desvirtuada
(Deleuze & Guattari, 1988), pervirtiendo las dinámicas familiares actuales
– ya de por sí afectadas – y, por tanto, el escenario interno de cada sujeto.
Es así que, en breves párrafos, intentaré elucidar de la manera más clara
posible la forma en que algunos de estos factores han influido en la
colectividad actual, predominantemente en el sector juvenil.
Del
Morbo Sacro
El SIDA es una enfermedad vírica relativamente nueva, sin embargo,
aún no hay un consenso sobre la etiología específica de la misma: la mordedura
del cercopiteco verde – especie de simio habitante de Zaire a la que el virus
afecta endémicamente – y la retransmisión vía mosquito entre la población
humana (Pamplona-Roger, 1986), prácticas zoofílicas en zonas pertenecientes al
África Central (Durham & Cohen, 1990), etc. Ambas, teorías que prevalecen a
la fecha. Empero, no es mi intención abordar los antecedentes históricos de la
enfermedad, sino la forma en que su aparición ha devenido recomposición en familias
mexicanas de estratos socioeconómicos medios e inferiores, principalmente.
Según
estimaciones de la Panamerican Health Organization,
en América Latina y el Caribe se
infectan más de 500 personas por día, lo cual implica que muchos de esos
hombres, mujeres y niños morirán en la siguiente década, uniéndose a las 557
mil muertes ocasionadas por el SIDA en los últimos veinte años (PAHO, 2001 en
Alarcón Segovia & Ponce de León Rosales, 2003).
En suma,
la Organización Panamericana de la Salud (OPS) distingue 3 formas de epidemia
en cuanto a dicha entidad fisiopatológica: 1) Epidemias predominantemente heterosexuales; 2) Epidemias predominantemente homo-bisexuales y 3) Epidemias mixtas, con peso importante de los
usuarios de drogas inyectables (UDI) (OPS, 2001 en Alarcón Segovia &
Ponce de León Rosales, 2003). De estas 3 modalidades, la primera impera en
Centroamérica, representando un 79% de los casos acumulados (ibid). Así pues, resulta fácil inferir
que, en México, la transmisión del virus al producto fetal se da con mayor
frecuencia que en otras entidades de América Latina. Entonces, ¿qué ocurre en
el núcleo de familias infectadas cuando el pequeño ser contagiado sale al mundo? Mi propia experiencia en
instituciones de salud de cuarto nivel me indica que no todo es desolación y
sufrimiento para el mismo: tratamiento multidisciplinario, apoyo familiar e
institucional son factores que coadyuvan en la disminución de la mortalidad a
corto plazo que caracteriza a esta entidad. Sin embargo, hay muchas otras
realidades menos favorables... ¿Qué ocurre con los niños cuyos padres son
enfermos terminales? ¿Qué clase de introyectos destruidos colman su mundo
interno ante la presencia fantasmática y real de la temida muerte? ¿Está hecho
nuestro país para llevar un seguimiento eficaz de este tipo de casos…?
Tristemente, no. El hecho es que un alto porcentaje de estos niños pasa por la
recomposición paulatina de la estructura familiar a la que pertenecían, fuera
ésta sana o no; ora, orillándolos a la búsqueda de un vínculo gregario con
sujetos en la misma condición médica – durante la adolescencia, principalmente
–, ora, al aislamiento social y/o familiar 2. No obstante, así como
el ambiente sufre un cambio real para con el infectado, los teatros de la mente
experimentan una situación análoga que bien puede pervertir en blancos (Green, 1994) o productos
muertos en el escenario personal. Pero las enfermedades incurables no son la
raíz única ni el factor causal por excelencia de la recomposición familiar.
Sobre
el Despotismo poco Ilustrado
La guerra
imperialista ha acelerado y agudizado extraordinariamente el proceso de
transformación del capitalismo
monopolista en capitalismo
monopolista de Estado. La monstruosa opresión de las masas trabajadoras por
el Estado, que se va fundiendo cada vez más estrechamente con las asociaciones
omnipotentes de los capitalistas, adquiere proporciones cada vez más
monstruosas (Illich Ulianov, 1917).
Breve frase introductoria a una de las más famosas obras del a
veces repudiado, y otras veces vitoreado, Vladimir Illich Ulianov, Lennin,
misma que nos hace ver, casi 100 años después, que nuestra situación económico-política
actual no es, por mucho, tan actual. Sin
embargo, y como bien señala Antonio Sandoval Ávila, sí ha sufrido de una suerte
de transformaciones, evolucionando a lo que hoy en día se conoce como globalismo, “concepción según la cual el mercado mundial desaloja o sustituye al
quehacer político, esto es, la ideología del dominio del mercado mundial o la
ideología del liberalismo” (2007).
Siguiendo el modelo criticado por Lennin, los monopolios
capitalistas unirían sus fuerzas con las del Estado para, así, atraer ganancias
multimillonarias que, con mayor facilidad y respaldo de la legalidad, podrían concentrarse
en pequeños sectores de la sociedad 3. Desde el advenimiento del globalismo, estos pequeños sectores han
alcanzado un poder tan absoluto que el Estado ya no tiene forma de frenarlo,
quedándole únicamente la subordinación y concesión de ridículas facilidades 4.
Este, y otros factores, no hacen sino ir en detrimento de la capacidad
adquisitiva del pueblo bajo una lógica mercantilista del manejo de recursos que
no ha servido sino para depauperar al desposeído y llenar más las arcas del preenriquecido.
Por tanto, la dinámica familiar vuelve a sufrir una transformación. Los hijos
entran a laborar en edad escolar, ya sea vendiendo chicles, haciendo malabares
o incluso empaquetando frituras, y no es que el trabajar desde temprana edad
sea un problema en sí; el acento recae sobre las jornadas extenuantes y mal
remuneradas a las que se enfrentan, mismas que no dejan espacio para el libre
esparcimiento o el estudio, situación tan necesaria en un país donde los libros
sirven más de calzador que de instrumento lúdico y continente de conocimientos.
Entonces, ¿qué ocurre con aquellos niños (as) sin oportunidades académicas ni
de ninguna otra clase? No cabe duda de que, en el caso de los que trabajan como
obreros, asumirán un rol que no les corresponde dentro del núcleo familiar,
como el del proveedor, por ejemplo. En el caso de los niños no trabajadores,
pero que tampoco acuden a la escuela por determinadas razones, podemos suponer
3 posibilidades principales: 1) Algunos no ocuparán su tiempo sino en
actividades improductivas como el ver TV durante todo el día; 2) Otros buscarán
relacionarse con niños en su misma situación, lo que podría llevarlos a
delinquir como diversión y, posteriormente, como estilo de vida y modo de
supervivencia; 3) Otros tantos se verán en la necesidad de cubrir el papel de ama de casa – sean hombres o mujeres –,
volviendo a ejercer un rol poco adecuado a sus capacidades tanto físicas como
cognitivas, entre éstas últimas, el discernimiento. Así pues, no toda
consecuencia repercute negativamente en la estructura familiar ni de sus
miembros, todo dependerá de su cohesión articular y de la fortaleza yoica de
éstos. Si bien un niño trabajador decide delinquir para atraerse mayores
ganancias, otro niño en condiciones similares puede decidir invertir sus pobres
ingresos en la escuela para, poco a poco, alcanzar otro nivel en el que su
trabajo valdrá un poco más que el sueldo mínimo.
Lo anterior no nos obliga sino a reflexionar acerca de la
decadencia de un complejo de sistemas oligárquicos que han convertido – en el
imaginario colectivo – a la Ley del Padre
(Lacan, 1958) en una especie de modelo hysterofalocéntrico
que recuerda a la figura combinada concebida
en la teoría psicoanalítica kleiniana (1945); lo anterior, sin alcanzar la fase femenina y, por tanto, la capacidad
para formar los símbolos generadores de otredad, creatividad y productividad. Podríamos
argüir que estamos sometidos a un sistema
fetiche, mismo que nos hunde en la renegación
y falsa idea de que Estado (♂) y Nación (♀) son uno
y el mismo; en consecuencia, la primera reacción del postmoderno es alienarse
al modelo del Estado (♂) Neoliberal
(♂), deslindándose de responsabilidades
y culpa, pues el ensimismamiento narcisista es el mejor refugio del terror que
aquella figura combinada representa.
En vez de progresar, caemos en las redes de nuestros propios mecanismos
regresivos que, a pesar de todo, nos mantienen aparentemente equilibrados
aunque en una especie de narcicización
social.
Teniendo en cuenta que la Ley
del Padre no es patente sino como representación con la que se puede
investir, ora al padre, ora a la madre – con clara inclinación de la balanza
hacia el primero –, una vuelta a la
familia (♀) y la insubordinación a los
dispositivos inflexibles de el Estado
(♂) demuestra ser la solución que
inconscientemente buscamos actualmente. A partir de esto, podemos teorizar 2
posibilidades: 1) La renuncia al padre posibilitaría la elaboración de un Edipo social en el que cada grupo
buscaría la representación materna en figuras alternativas y mediante la
formación de una familia propia; 2) En vez de desplazar e investir objetos
nuevos, la vuelta a la familia se convertiría en una vuelta literal hacia la
madre, evidenciando fantasías simbióticas y en ninguna forma progresivas
(Mahler, 2005). Después de todo, primero hubieron una Gea, una Isis, una Lilith
y otras representaciones femeninas que en algún momento imperaron sobre la Ley del Padre. En México, la conquista
favoreció el desplazamiento de Coatlicue en la figura de la Virgen de
Guadalupe; esto, no en la forma que se esperaría para hallar una homeostasis
psíquica real. Sólo podemos esperar a ver cómo las nuevas generaciones elaboran
su propia actualidad, no sin antes dotarlas de una historización congruente que
las lleve a asimilar la problemática social, no sólo en beneficio personal sino
en aras de ayudarse en colectividad, esperando los dispositivos de control
económico-políticos no coadyuven más en la instauración de la improductividad mental
que, a la fecha, nos caracteriza como sociedad.
Notas
1 En un
profundo estudio antropológico sobre l’histoire
des mentalités, Robert Darnton (1987) deja en claro que muchas de estas
situaciones no son exclusivas e inherentes al siglo XX; así pues, la causa formal de las manifestaciones
sociales puede variar, pero la causa
eficiente sigue concurriendo con dificultades cuasidénticas.
2 Hace un
tiempo, tuve la oportunidad de entrevistar a un joven afectado por el virus,
mismo que buscó solaz y consuelo en compañeros afectados por su misma condición
médica. El acento recae en el hecho de que no siempre la familia consanguínea
será en quien recaiga la confianza o la búsqueda de apoyo; a veces, incluso, ni
siquiera será la más indicada para promover la profilaxis psíquica que estos
individuos necesitan. Claro que esto no significa que el aproximarse a personas
en igual situación sea la panacea pues, como bien me demostró aquél joven, la
continua convivencia de esta índole puede llevar a conflictos más serios ante
el encuentro constante con la pulsión de muerte de otros individuos.
3 Ahí
tenemos el ejemplo de magnates tales como Carlos Slim Helú (Grupo Carso),
Emilio Azcárraga Jean (Televisa), Ricardo Salinas Pliego (TV Azteca) e incluso
el afamado narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, alias, El Chapo Guzmán (Véase Referencias
Electrónicas).
4
Recordemos el caso de Rafael Caro Quintero, otro capo de la droga cuyo poder
económico era tal, que se ofreció a pagar la deuda externa del país a cambio de
poder seguir traficando a placer. Incluso el monopolio de Telcel frente a otras
compañías de telefonía celular es excelente ejemplo del poder del capital sobre el del Estado pues, a pesar de que la
Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) es una dependencia del
gobierno, no ha podido hacer mucho en cuanto a las altas tarifas de esta
empresa y al hecho de que sólo Telcel tiene alcance de señal en casi toda la
República.
Referencias
Bibliográficas
- Alarcón Segovia, D. & Ponce de León Rosales, S. (2003). El SIDA en México: Veinte años de la Epidemia. México: El Colegio Nacional.
- Darnton, R. (1987). La Gran Matanza de Gatos y otros Episodios en la Historia de la Cultura Francesa. México: FCE.
- Durham, J. & Cohen, F. (1990). Pacientes con SIDA. Cuidados de Enfermería. México: El Manual Moderno.
- Green, A. (1994). El Trabajo de lo Negativo. Buenos Aires: Amorrortu.
- Habermas, J.; Baudrillard, J.; Said, E.; Jameson, F. et al. (2000). La Posmodernidad. México: Kairo.
- Illich Ulianov, V. (1917). El Estado y la Revolución. Madrid: Alianza Editorial. 2006.
- Klein, M. (1945). El Complejo de Edipo a la Luz de las Ansiedades Tempranas [Obras Completas, Tomo I]. Buenos Aires: Paidós.
- Lacan, J.J. (1958). La Significación del Falo [Escritos]. México: Siglo XXI.
- Mahler, M. (2005). Simbiosis Humana. México: Joaquín Mortiz.
- Roudinesco, É. (2003). La Familia en Desorden. México: FCE.
- Sandoval Ávila, A. (2007). De la Familia a la Calle: La Expulsión de los Hijos. México: Universidad de Guadalajara.
Hemerográficas
- Pamplona-Roger, J. D. Sida (aids). Suplemento de Viva Mejor. México, D.F. Publicaciones Internacionales de la Pacific Press. 1986. p.p. 2,3.
Electrónicas
- http://www.forbes.com/billionaires/#p_1_s_a0_All%20industries_All%20countries_All%20states_Mexico
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