Autores: Blanca Aranda Boyzo*, Francisco Ochoa Bautista**,
Irene Aguado Herrera***, Laura Palomino Garibay****
* Profesor Asignatura Psicología Social Aplicada
UNAM Campus Iztacala
** Profesor Asociado "B" T.C. Psicología
Social Teórica. UNAM Campus Iztacala
*** Profesor Asociado "B" T.C. Psicología
Social Teórica. UNAM Campus Iztacala
**** Profesor Asociado "B" T.C.
Psicología Social Aplicada. UNAM Campus Iztacala
RESUMEN
La función paterna en la clínica psicoanalítica constituye un epicentro
crucial en la estructuración psíquica del sujeto, puesto que esta función es la
que permite vehiculizar al significante fálico que es lo que separa a la madre
del hijo, introduciéndose de esta manera la castración, y colocando así al
sujeto en una posición de falta.
La función paterna posibilita esa condición de falta en la existencia
del sujeto, abriendo un vacío que no puede ser colmado. Esta falta posibilita
el deseo, y la demanda, siempre metonímica e inagotable, pues remite a la
carencia generada siempre por la castración.
La función del padre simbólico como soporte de la ley al prohibir el
incesto, posibilita el ingreso del sujeto al orden de la cultura y accediendo
el niño a la metáfora paterna se instala en el orden simbólico.
DESCRIPTORES: Función paterna, estructura psiquica,
sujeto, deseo.
En la práctica clínica psicoanalítica la función del padre constituye un
epicentro crucial en la estructuración psíquica del sujeto, puesto que esta función
es la que permite vehiculizar al significante fálico que es lo que separa a la
madre del hijo, introduciéndose de esta manera la castración, y colocando así
al sujeto en una posición de falta, siendo esta falta fundamental para el
surgimiento del deseo en el sujeto. Por lo que al abordar la práctica clínica
psicoanalítica no puede dejarse de lado a la función paterna.
En el presente trabajo se analiza la función del padre en el caso de
Juanito desde la concepción de Freud, y la relectura que hace Lacan en el
seminario de la relación de objeto.
Parte I
En el seminario sobre la relación de objeto, Lacan inicia destacando que
toda la obra de Freud se puede leer alrededor de un eje central, la función del
padre: "... a través de sus sueños y el progreso de su pensamiento, todo
lo que ahora sabemos de su vida, de sus costumbres, incluso de sus actitudes en
su familia, contada por el señor Jones de una forma más o menos completa, pero cierta
- toda ella se resume a esto - ¿ Qué es ser un padre? "(Lacan, 1995, p
206). La magnitud de la pregunta nos interroga por ese significante
fundamental, que nos hace deudores con nuestros padres y nos lanza a la vez a
esa aventura de la paternidad. Y aún en el caso de ya ser padres -no se puede
cantar victoria- pues la acción concreta, no significa haber accedido a esa
posición paterna.
En Freud ¿cómo aparece la figura paterna? es una pregunta que adquiere
diferente significado a partir del momento teórico - sin pretender profundizar
en el tema - podemos destacar su primer encuentro con ese adulto seductor que
introduce violentamente a la sexualidad a la niña y ese papel generalmente
corresponde al padre.
Las famosas palabras "ya no creo en mis neuróticas ", parecen
dar al traste con la teoría de la seducción sostenida en ese momento y con ello
el difícil reconocimiento de aquellas historias de seducción infantil como
acontecimientos reales. Desde luego el pensamiento freudiano tendrá que sufrir
otras rupturas como lo es el reconocimiento de que tantos padres no pudieron
haber seducido a tantas hijas, que en el mundo psíquico no es posible
establecer una distinción entre realidad y fantasía, que no es posible llegar
al evento traumático entre otras cosas.
No fue sino después, del principio de su propio "autoanálisis"
cuando descubrió las causas oscuras de su propia incredulidad; la seducción del
hijo que atribuía al padre (al suyo propio) en realidad disfrazaba los deseos
incestuosos del hijo (también de él mismo). Esto marca un giro radical en la
cuestión teórica, pues en primer lugar exime de cualquier responsabilidad de
seducción a su padre, ayudándolo a convencerse a él mismo de que la teoría de
la seducción era insostenible. Freud descubrió en cambio; recuerdos, episodios
sexuales menos dramáticos, que involucraban a la mujer que había sido su
niñera. No da muchos detalles acerca de esos episodios, pero declara "ella
era mi maestra en cosas sexuales".
Sin embargo, las experiencias con su niñera no podían explicar los
sentimientos hostiles en contra de su padre, y no podían descubrir el origen de
tales sentimientos. Dentro de las múltiples asociaciones realizadas, Freud
mismo atribuye un lugar especial al hecho de haber visto desnuda a la madre a
la edad aproximada de dos años. Ante el vacío de cualquier otra explicación,
llegó a la conclusión de que este hecho debe haber servido para suscitar
impulsos sexuales y generar los celos contra el padre. Por tanto, a Freud ésto
lo hacía suponer que la atracción sexual infantil por la propia madre y los
celos contra el padre probablemente constituyen un fenómeno universal:
"también en mí comprobé el amor por la madre y celos contra el padre, al
punto que los considero ahora como un fenómeno general de temprana infancia
(...). Sí es así, se comprende perfectamente el apasionante hechizo del Edipo
rey, a pesar de todas las objeciones radicales contra la idea del destino
inexorable que el asunto presupone... Cada uno de los espectadores fue una vez,
en germen y en su fantasía, un Edipo semejante, y ante la realización onírica
trasladada aquí a la realidad todos retrocedemos horrorizados, dominados por el
pleno impacto de toda la represión que separa nuestro estado infantil de
nuestro estado actual" (Freud, 1985, p. 3584).
Al reconocer los impulsos edípicos como un fenómeno universal y al
desplazar el acento de las seducciones vivenciales sexuales, marcan otro
cambio. Pues Freud ahora sugiere que la patogénesis de las psiconeurosis
entraña una interacción entre las experiencias sexuales y los impulsos
sexuales. El descubrimiento del mito edípico no se convierte todavía en una
categoría fundamental, es decir, estructurante de la identidad sexual del
sujeto, sino como algo que sucede desde el sujeto y se proyecta hacia los padres.
Tendremos que esperar hasta 1905 cuando Freud asiente en Tres ensayos sobre
una teoría sexual, dos premisas fundamentales para el complejo de Edipo: a)
la existencia de la sexualidad infantil; b) un nuevo concepto de sexualidad,
más allá de la genitalidad.
En este estudio Freud se sirve de los prejuicios de la época sobre las
perversiones, para sí cuestionarse sobre la pretendida armonía entre sexo
biológico y objeto sexual. En este marco surge otro concepto clave: el término
"pulsión", eso que empuja a la satisfacción pero sin tener una meta
preestablecida - no hay una relación de determinación entre la pulsión y su
objeto-, la pulsión no tiene un objeto dado naturalmente. Esto desde luego abre
un nuevo horizonte sobre el problema de la sexualidad: ¿cómo se asume la
identidad sexual? Si no hay nada instintivo. Si la identidad sexual es algo que
el sujeto debe asumir ¿cómo sucede?
Aunque la respuesta de Freud tendrá que esperar otras teorizaciones como
son; Psicología de las masas, Tótem y tabú y El problema de la feminidad,
poco a poco se va perfilando la idea de que el "complejo de Edipo es la
clave de las neurosis".
La estructuración de la sexualidad, desde la concepción freudiana, pasa
por diferentes formas de organización, pero un punto central para la
constitución de la misma tiene que ver con el complejo de castración, es decir,
el paso por el Edipo. En el momento del análisis del caso Juanito, Freud parece
apegarse a una noción de Edipo simple: para el niño significa amor hacia la
madre y odio hacia el padre, pero el asunto no es tan simple. El niño parte de
la teoría sexual sobre la universalidad del pene, pero luego bajo el efecto
combinado de la amenaza de castración proferida generalmente por el padre,
aunada al hecho de la angustia provocada por la percepción del cuerpo femenino
privado de pene; son interpretados como consecuencia de la castración. El eje a
partir del cual el Edipo masculino se organiza, culmina y se desanuda es la
angustia; la angustia de castración, miedo es ser privado de esa parte del
cuerpo que considera de gran estima, el pene. Esto marca la prohibición de la
madre, y con ello la promesa de poder acceder a otras mujeres.
En síntesis la conjunción de la percepción de la castración de la madre
y la amenaza de castración son los elementos que licitan la angustia. Y aunque
la amenaza puede ser proferida por la madre, como el caso de Juanito, su
ejecución generalmente recae en el padre; he aquí la función paterna.
Parte II
La mirada lacaniana conceptualiza la función paterna desde otros órdenes
de registro, pues en primer lugar descentra la función paterna con respecto a
la materna. Además de ello señala el papel mediador que la madre tiene con
respecto al vínculo entre la función materna y el hijo, así como su acción radicalmente
diferenciadora en relación previa, dual, especular.
Sus consideraciones le adjudican también a la madre una función como
estructurante del deseo del niño, pero esta estructuración sólo puede
considerarse en función de la doble prohibición paterna. Con ello el padre
introduce la ley en el vínculo previo, que determina una ruptura y un
reordenamiento. El niño y la madre deben reconocer que el deseo es imposible de
colmar con objeto alguno, que la ilusión de llenar la falta es imposible de
alcanzar. Recordemos que el niño desea ser todo para la madre, el complemento
de su carencia, es el deseo del deseo de la madre y para satisfacerla se
identifica en el lugar del falo.
La función paterna, desde la óptica de Lacan, sólo adquiere tal
dimensión en la medida en que la metáfora paterna logra reprimir el deseo
materno; en tanto ella acepta la prohibición del incesto. Así se prepara la
declinación del Edipo, en la medida en que el niño acepta la castración
simbólica que efectúa el padre al separarlo de la madre, como no siendo el
falo.
La función paterna posibilita esa condición de falta en la existencia
del sujeto, abriendo un vacío que no puede ser colmado. Esta falta posibilita
el deseo, la demanda, siempre metonímica, inagotable pues remite a la carencia
generada siempre por la castración.
La función del padre simbólico como soporte de la ley al prohibir el
incesto, posibilita el ingreso del sujeto al orden de la cultura y accediendo
el niño a la metáfora paterna se instala en el orden simbólico. Al darle un
nombre propio, lo sitúa como integrante respecto a un linaje de generación.
Sin embargo, estamos hablando de un ideal, un paradigma de lo que
debería ser el complejo de Edipo y la función paterna, pero tal función siempre
falla, siempre hay un reducto de goce que no puede simbolizarse. En este
sentido podemos decir que ningún padre está a la altura: " El único que
podría responder absolutamente de la función de padre como padre simbólico,
sería alguien que pudiera decir como Dios del monoteísmo-- yo soy el que soy--. Pero esta
frase que encontramos en el texto sagrado no puede pronunciarla nadie
literalmente" (Lacan, op cit. p212). Si tales son los zapatos ¿ no
le estaremos exigiendo demasiado al pobre padre de Juanito?
Parte III
¿Qué se está jugando en el caso de Juanito? La pregunta es fundamental
porque no sólo estamos frente a la estructuración de la sexualidad, la
sexualidad no forma una entidad autónoma, sino por el contrario el asunto va
más allá, pues en la sexualidad el sujeto se juega con su subjetividad, y en el
caso de Juanito estamos frente a un punto crucial. Estamos en presencia de un
momento de constitución que determinará la posición subjetiva de Juanito:
neurosis o perversión.
Por otro lado, la obra Freudiana se encuentra en un momento teórico
importante, la formulación de Tres Ensayos sobre una Teoría Sexual, ha
puesto en la mesa de discusión el problema de la estructuración psíquica,
entrelazado con tres hipótesis fundamentales: 1) "Sobre las teorías
sexuales infantiles, como es la fertilización a través de la boca, el
nacimiento a través del ano, el carácter sádico del coito entre los padres, y
la atribución a todos los seres humanos, aún a las mujeres de un pene. Esto a
su vez implica interrogantes existenciales, pues el niño se pregunta sobre el
origen de los hijos y la diferencia de los sexos; b) Esta concepción suponía
una ampliación considerable de la noción misma de sexualidad, ya no haciéndola
depender exclusivamente de los órganos genitales. De ahí la idea de una
sexualidad perversa polimorfa subyacente en el niño; 3) El complejo de Edipo;
la premisa universal del falo y con ello el complejo de castración.
Freud se encuentra la imperiosa necesidad de dar un fundamento a las
hipótesis propuestas en tres ensayos, de ahí la insistencia a sus discípulos de
compilar observaciones sobre la vida sexual de los niños. No obstante la
pregunta sobre el sustento parece mantenerse en pie: "Será acaso imposible
averiguar inmediatamente en el niño, en toda su frescura vital, aquellas
mociones sexuales y formaciones de deseo que en el adulto exhumamos con tanto
trabajo de sus enterramientos, y acerca de las cuales, además, aseveramos que
son patrimonio constitucional común a todos los seres humanos y en el neurótico
no hacen sino mostrarse reforzados y deformados?" (Freud, 1976, p,7-8). Es
así como llega a manos de Freud el caso de Juanito.
Los padres de Juanito son quienes presentan el caso, y a su vez se
cuentan entre los discípulos de Freud, este hecho vicia la lectura (o mejor
dicho, impone un cierto esquema ), es muy claro en el historial algunas
puntualizaciones que hace Freud respecto al padre: " Me veo precisado a
intercalar aquí algunas palabras. El padre pregunta demasiado y explora
siguiendo sus propios designios, en vez de dejar exteriorizarse al niño
mismo" (Freud, op cit. p 24). Algunas de estos señalamientos son
igualmente válidos para Freud, sus concepciones lo hacen prejuzgar, su
intencionalidad vicia su pensamiento por la preocupación de confirmar la
sexualidad infantil, y el complejo de castración.
Así, por ejemplo, a Juanito lo aqueja una fobia, principalmente los
caballos, aquí cabe una pregunta; ¿a quién representa el caballo? Para Freud el
caballo es una representación del padre castrador: " él sentía
angustia ante el padre a causa de sus deseos celosos y hostiles contra éste.
Con ello le había interpretado parcialmente la angustia frente a los caballos; el
padre debía de ser el caballo a quien, con buen fundamento interior le
tenía miedo. Ciertos detalles, lo negro en la boca y lo que lleva antes de los
ojos (bigote y gafas como privilegios del varón adulto) por los cuales Hans
[Juanito] exteriorizaba angustia, me parecieron directamente trasladados del
padre al caballo" (Freud, op cit p.100). La interpretación de Freud
es sencilla; el complejo de Edipo simple. El objeto fóbico, el caballo,
simboliza al padre, es decir que el niño toma del caballo ciertas propiedades:
el bigote, el tamaño, etc. El miedo a ser mordido es el miedo a la figura
castradora del padre.
Existe la posibilidad de otra interpretación: el caballo no es el
padre sino la madre, esta interpretación no puede ser tan descabellada. Hay
muchos argumentos para pensarlo así: Juanito decía que la madre tenía un
hace-pipí grande como el del caballo, aquí podemos pensar una madre devoradora
muy a la manera kleiniana. Aunque en Freud por un pequeño momento lo afirma:
" Así, se creería, el caballo es sólo un sustituto de la mamá".
Pero la interpretación Lacaniana discrepa de la interpretación
Freudiana, y una de las razones la podemos encontrar en la manera de trabajar
al síntoma. Desde nuestro punto de vista se abren dos posibilidades; la primera
la denominaremos síntoma-significación, es decir, al síntoma se le
intenta imponer un sentido –revelar su significado oculto—pero tal camino sólo
puede conducir a un mayor desconocimiento sobre su deseo, pues siempre espera
de un gran Otro esa respuesta que lo signifique, ésta fue una tentación que no
dejo de estar presente en los inicios de la obra de Freud.
La segunda la denominaremos síntoma-significante, aquí el síntoma
no tiene un sentido previo, sino el respeto de la regla básica conduce a
descongelar a través de las asociaciones una interrogante que está más allá del
síntoma ¿cuál es el deseo del sujeto?
Estas dos formas de interpretar en Freud nos abren a su vez diferentes
horizontes y confrontan a Freud con Freud o Freud matizado por Lacan. Desde la
concepción del síntoma-significación cabe la pregunta ¿quién es el caballo?
pero la misma nos conduce a un callejón sin salida, pues si intentamos
descubrir quién es el caballo la cadena de sustituciones posibles se torna
interminable. Lo primero es que el objeto fóbico tiene múltiples caras. Tiende,
mediante una especie de difusión, a pluralizarse siguiendo, podríamos decir,
las líneas de una inducción significante, también podríamos decir simbólica, ya
que entendemos lo simbólico en función del significante. Al lugar del caballo
puede advenir casi cualquier persona. Y en ese mismo sentido se desplaza el
objeto fóbico, pues no solamente es el caballo, sino que son caballos con
carros; son también ciertas posiciones del caballo, el caballo cuando da
vueltas, el caballo caído en el suelo. está el miedo a que los caballos se
caigan, a los caballos blancos, pero también a los carros, el aspecto
metonímico del síntoma también es notorio. Pensando de este modo no es tan
importante qué personaje es el caballo, sino la función del
"caballo" como un significante que adquiere sentido en función de la
cadena discursiva, sin lograr convertirse en una metáfora, o mejor dicho, es
una metáfora fallida.
Y es que desde la concepción de Lacan de los tres registros, podemos
ubicar que la personificación del caballo, corre más por el registro de lo
imaginario. Muy diferente sería pensar el síntoma fóbico como una falla de lo
simbólico. El síntoma en sí mismo aparece como una respuesta a esa falla,
respuesta que es un remiendo " un parche" para suplir a la función
simbólica claudicante. Y es que Juanito se encuentra atrapado en las redes
maternas, ser devorado por la madre, cubrir esa falta en mamá: es decir ser
falo, "una trampa que hasta antes había sido el paraíso". Pero el
asunto es un poco más siniestro:
"Hans: << Pero si nunca te lo he visto cuando te desvestías>>
Otra vez tenso, ve cómo su madre se desviste para meterse a la cama.
Ella pregunta: <<Pues ¿por qué me miras así? >>
Hans: <<sólo para ver si tú también tienes un hace-pipí >>
Mamá: << naturalmente. ¿ No lo sabías ?
Hans: << No; pensé que como eres tan grande tendrías una hace-pipí
como el del caballo>>" (Freud op cit p. 10).
La madre de Juanito, no sólo seduce a Juanito, sino que niega su
castración, para que se produzca un hecho de esta índole es indudable que
existe algún problema con respecto al padre. Algo en el padre desfallece o por
lo menos no anda bien. En la medida en que el padre no logra convocar la
castración de la madre. La madre no puede mirar hacia otro lado --no puede mirar
con deseo al padre-- su deseo parece agotarse en el hijo.
Lacan en el seminario de Las formaciones del inconsciente
comenta: "recordemos al padre de Hans: presente, inteligente, amable y no
obstante totalmente inoperante porque su palabra, ante la madre carece de
valor. La posición del padre es cuestionada entonces, y esto es en definitiva
lo que sujeta a Hans al deseo de la madre" (Lacan, 1970. p 87).
En este marco, se puede pensar nuevamente la fobia al
"caballo" como un grito de auxilio, una llamada al padre, si
el padre no es capaz de establecer la ley - no lo castra- Juanito se inventa un
caballo terrible. Y es que el padre de Juanito como aparece en algunos sueños
se encuentra colocado al mismo nivel: "He estado contigo en Shonbrunn
junto a los carneros, y entonces nos colocamos por debajo de la cuerda, y le hemos
dicho eso al guardián a la entrada del jardín, y él nos ha atrapado"
(Freud, 1976. p 54). En este caso la fobia actúa como una metáfora del
síntoma supliendo significativamente la metáfora paterna fallida. Allí aparece
la metáfora sintomática. Aparece para suplir lo que ha fallado. Pero
destaquemos, lo que le sucede a Juanito es a fin y al cabo una metáfora. Si tal
es el sentido del síntoma, la idea de erradicar al mismo sólo por su apariencia
como patógeno, se encuentra fuera de lugar, y en su lugar el síntoma adquiere
un sentido positivo. La fobia como un organizador del mundo simbólico (en
debacle) del niño, como un significante princeps (caballo en este caso),
que la hace funcionar como la "placa giratoria" punto eje a partir
del cual Juanito tratará de reconstruir su mundo.
Así pues el padre de Juanito pese a su presencia, a su formación en
psicoanálisis, no asegura que pueda convocar a la función paterna. Y es que el
problema no tiene que ver con cualidades, o con ciertas poses del padre, ni
tampoco tiene que ver con la fortaleza o la debilidad en el actuar cotidiano,
en este sentido podemos decir: " El padre real [...] por muy sostenido y
respaldado que esté por el padre simbólico, participa en todo ésto como un
pobre hombre" (Lacan op. cit. p 232).
Esto es lo imposible del quehacer psicoanalítico, no hay recetas, ni
conjuros, en cuanto a cómo poder convocar a ese padre simbólico que posibilita
la metáfora paterna. En psicoanálisis el tiempo parece estar cambiado, pues
sólo podemos saber por resignificación, la operancia o la inoperancia de tal
función. No en vano Lacan afirma: "El padre simbólico es impensable,
hablando con propiedad".
En el caso Juanito, nos encontramos con una función paterna más del
orden imaginario, de ese padre que Juanito coloca más en el orden de la
rivalidad, y de la identificación. Las carencias del padre real no pueden ser
subsanadas, en tanto no haya padre simbólico que vehiculice la castración.
Cuando ha habido fallas en la elaboración de la simbolización, esta función se
imaginariza continuamente (sea en las fantasías, sueños o ciertas acciones)
todas nos hablan de una idea de corte más o menos desfigurada, formas de
suplencia frente a esa no-castración. Si no hay castración simbólica en el caso
de Juanito ¿de qué tipo de castración estamos hablando?
¿Tampoco podemos decir que está forcluida? ¿Podemos hablar castración
imaginaria pero al fin castración? o ¿Castración simbólica un tanto fallida?
Tendemos a pensar más en una castración fallida en Juanito. Tal posibilidad se abre
en la medida, en que Juanito cae de ser el falo de la madre, esto sucede
particularmente cuando nace la hermana; tal acontecimiento posibilita que la
madre mire hacia otro lado. Si a Juanito lo ponemos en el orden de las neurosis
-- lo cual ya es ganancia-- se asegura un cierto tipo de castración y un cierto
tipo de resolución del Edipo; ¿Juanito resolvió su Edipo?
Desde la perspectiva de Freud el caso Juanito --aún para la sorpresa de
él mismo -- concluye con un cierto éxito, no en vano Freud narra al final del
caso, que catorce años más tarde, recibió una gran satisfacción con la visita
del pequeño Juanito, convertido en un joven y comprometido en casamiento. Sin
embargo habría qué preguntarse ¿si aunque para Juanito todo termina bien, para
Freud también y para sus padres de igual modo?, ¿para el psicoanálisis todo
termina bien? No creemos que del todo, pues en la medida en que Juanito
progresa y parece empezar a salir de la fobia, surge en cambio otra fantasía
donde el padre está mejor ubicado en la estructura; es una fantasía final, que
casi concuerda con el momento de la curación, en la que el padre se casa con la
abuela, mientras que Juanito se casa con la madre, esto indudablemente le
restituye un lugar y una distancia en la línea generacional. Sin embargo se
preserva la relación narcisista-fálica con la madre. Propiamente hablado
podemos decir que en el caso de Juanito, se abre la siguiente hipótesis: no
hay resolución edípica, y sólo ha habido resolución de los síntomas.
Concluimos el trabajo con una cita sobre Juanito de Lacan: " Si
seguramente tendrá toda la apariencia de un heterosexual normal. Sin embargo,
el camino que habrá recorrido en el Edipo para llegar hasta ahí es un camino
atípico, vinculado con la carencia del padre." (Lacan, op cit, p.
388). Esto desde luego nos hace preguntarnos: si Juanito tiene la apariencia de
heterosexual podrá ¿asumir subjetivamente la sexualidad masculina? ¿Podrá
Juanito asumirse en la función paterna?
Bibliografía
· Freud S. (1950) Cartas a W. Fliess en E. Kriss. Los Origenes del
Psicoanálisis. En Freud, S.(1981) Obras
Completas. Tomo III. Madrid. Biblioteca Nueva.
· Freud, S. "Análisis de la Fobia de un Niño de Cinco Años" en Obras Completas de Freud, S,
Buenos Aires, Ed. Amorrortu 1976 p. 7-8.
·
Lacan J. (1970) Las
formaciones del Inconsciente. Buenos Aires: Nueva Visión.
·
Lacan J. (1995) Seminario: La
Relación de Objeto. Barcelona: Paidós.
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