miércoles, 11 de julio de 2012

Sobre la Fantasía Inconsciente de un Caso Ginecológico poco Estudiado [Javier J. León]



En la relativamente corta historia del psicoanálisis, infinidad de autores se han dado a la tarea de elaborar explicaciones e interpretaciones concernientes a la psicodinamia de trastornos y padecimientos graves – ya sean médicos o netamente psicológicos –, cuya influencia en el psiquismo del aquejado atrae el interés así de doctos como de legos. En virtud de lo anterior, y con miras a formar parte de esta gran cadena de pequeños investigadores, me he propuesto teorizar la fantasía inconsciente de la señorita R., joven mujer de 22 años de edad cuyo padecimiento sindromático amenaza la estabilidad de su ya debilitada estructura psíquica.
El Síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH, en adelante) consiste, básicamente, en agenesia vaginal y malformaciones congénitas del útero – entre otras manifestaciones; esto, dependiendo del tipo: I (aislada) o II (asociada a otros defectos: auditivos, renales y musculoesqueléticos, predominantemente) (Morcel, Camborieux, PRAM & Guerrier, 2007) –. A pesar de haber sido descrito por primera vez en 1559 por Realdus Columbus, no es sino hasta 1829 que, Mayer, ubica dicha anomalía en comorbilidad con otras, siendo Rokitansky (1838), Küster (1910) y Hauser (1961) los que confirmaran y aportaran nuevos datos a los anteriormente encontrados (Lau, Molina, Andrino & Reyes Martínez, 2009). No queda del todo clara la etiología exacta de este síndrome (Sultan, Biason-Lauber & Philibert, 2009), sin embargo, se sabe que tiene lugar en etapas tempranas del desarrollo fetal en las que el sexo del mismo se encuentra aún indiferenciado (Jonguitud Aguilar, León Arias & Reynaga Ortega, 2010). En suma, los datos epidemiológicos varían dependiendo del autor, pero la mayoría concuerda en que la incidencia es de 1 en 4,000 o de 1 en 5,000 nacimientos (Sultan et al., 2009). Empero, dejemos estas descripciones a médicos y especialistas en materia fisiológica y avoquémonos a lo que a nuestra labor analítica compete.
          Teniendo siempre en cuenta la ética profesional, limitaré la discusión del caso que a continuación reseñamos para proteger a la paciente en cuyo caso nuestras elucidaciones se encuentran concentradas.
La señorita R. acude al Departamento de Psicología de la Institución P. por una preocupación exacerbada acerca del reciente diagnóstico de MRKH; sin embargo, no es lo único que la aqueja. Cursa con sueños de angustia en los que, según ella misma refiere, se vé a sí misma privada de voz e intentando gritar para dar alcance a un personaje a quien no identifica. Al desarrollo de la entrevista, encontramos que sus relaciones objetales primarias fueron turbias y poco gratificadoras: un padre castrador e inconsistente que la devalúa en todo momento y una madre histérico-pasiva en cuyo seno no puede encontrar solaz ni consuelo, misma que la enjuicia con frecuencia señalando que una mujer nunca podrá ser valorada si no deviene madre; figuras ambas que nos llevan a pensar en introyectos destruidos, sádicos y poco sostenedores. En contraste, todo indica que la abuela materna – mujer de la que es separada por determinadas circunstancias, mismas que no comentaremos – es un objeto bueno, rescatador, en cuya representación simbólica recae la poca estabilidad que aún conserva la paciente. A partir de este minúsculo fragmento, creo posible una elaboración – breve, pero concisa – de nuestras hipótesis sobre este caso tan particular.
En sus Tres Ensayos sobre Teoría Sexual, Freud (1905) nos deja en claro su postura ante la formación identitaria de la sexualidad tanto del varoncito como de la pequeña fémina, en la que el complejo de castración y la envidia del pene juegan un papel preponderante. Sin embargo, y a partir de las formulaciones teóricas de importantes estudiosos como fueran Karen Horney, Melanie Klein e incluso Ernest Jones, la postura freudiana ortodoxa es refutada (Etchegoyen & Arensburg, 1977).

Todos estos autores afirman explícita o implícitamente que la niña conoce su cuerpo a través de sensaciones éxtero, íntero y propioceptivas y de las fantasías concomitantes. Del mismo modo, el niño tiene un conocimiento temprano de la vagina como órgano que ha de contener el pene (como la boca contiene el pezón y el recto el cilindro fecal) (ibid).

Entonces, ¿qué fantasías internas prevalecen en la mente de la señorita R.? Pensemos en el desarrollo temprano. Queda claro que, en la posición esquizo-paranoide (Klein, 1946), el infante concentra sus pulsiones oral libidinales y oral sádicas en la madre, misma que supone un objeto parcializado: ora gratificante, ora frustradora (Klein, 1952). Así pues, y cada vez que la satisfacción le es denegada, aquél profiere ataques fantaseados que pueden presentarse en 2 formas: ataque oral, en el que el cuerpo de la madre es vaciado de todo lo bueno y deseable; o bien, ataque anal, en el que el cuerpo de la misma es invadido por objetos propios destruidos vía identificación proyectiva (ibid). La ansiedad persecutoria nace de estas 2 modalidades pues, ya sea el vaciamiento de la madre o la invasión masiva de su vientre, suponen el peligro de retaliación o de dominio por parte del objeto atacado (Segal, 1982), similar a lo que ocurre cuando el tirano meltzeriano aparece en la escena primaria interna (Meltzer, 1974), ya sea disfrazado como alguno de los 5 participantes básicos o como un sexto en discordia.
Tomando como base el marco teórico de las escuelas kleiniana y postkleiniana, así como las pequeñas pistas clínicas del caso R., podemos asumir que la persecución y ataque reales proferidos por sus padres, principalmente, se sumaron a las proyecciones agresivas de la propia paciente, deviniendo la mutilación “real” – y fantasmática a la vez – de su cuerpo: la eliminación total de sus capacidades procreativas. Por tanto, sus gritos tienen que ser acallados; el mutismo es la mejor defensa que su Yo ha encontrado para evitar consecuencias peores como la despersonalización o incluso la desintegración masiva. En suma, y análogo a estas fantasías, clama por la presencia de objetos auxiliares que la sostengan en este período confuso y aversivo. Desafortunadamente, esta no es sino una interpretación somera del sueño que nos narra, mas su veracidad podría ser comprobable únicamente mediante un análisis más exhaustivo y profundo al que sólo el psicoanálisis o técnicas afines podrían acceder. Ahora bien, si sus pulsiones agresivas no hallaron el sustento y rêverie (Bion, 1975) necesarios en sus padres, todo indica que su abuela funge como objeto interno bueno y continente, por lo que las ansiedades de nuestra paciente devinieron tanto más tolerables que si ésta no hubiese estado presente. A pesar de ello, sus relaciones interpersonales fuera del núcleo familiar oscilan entre la reparación maníaca y la propiamente dicha, a saber: R. sostiene una relación de noviazgo con K., sujeto con quien no tiene intereses en común y afirma no querer, pero al que no dejará por ser una persona noble. Podemos pensar en una búsqueda auténtica por no dañar al objeto pero, más concretamente, en una tendencia que la protegerá de la retaliación al abandonar al mismo. Lo anterior apunta a mecanismos de defensa arcaicos, pero no por ello podemos ubicarla en los niveles intermedios o inferiores propuestos por Kernberg (1979) pues, como bien menciona Jean Bergeret (1974), todo mecanismo de defensa puede aparecer en estructuras antitéticas a su naturaleza y la estructura de R. es claramente neurótica.
Citando a Hinshelwood (2004): “El impulso para explorar objetos nuevos y ampliar el mundo del infante nace de la ofensa, la pérdida y las fantasías terribles concomitantes”; así pues, y a pesar de todas las vicisitudes evidentes – tanto psicológicas como sociales –, el pronóstico de R. es bueno y no podemos sino pensar que una psicoterapia bien llevada le será de gran apoyo; lo anterior, en coadyuvancia con las novedades de la medicina actual –quirúrgicas y no quirúrgicas – pues, el bienestar del paciente, recae en los hombros no sólo de médicos sino de especialistas de la salud mental, ambas partes interesadas en la mejoría de su calidad de vida y estabilidad emocional.
El presente ensayo constituye, en cierta forma, una suerte de denuncia cuya meta es exhortar al clínico a explorar más allá del mundo de las enfermedades y trastornos mentales contenidos, por citar una publicación, en el Manual Diagnóstico de Enfermedades Mentales (DSM IV), puesto que el cerrarnos al conocimiento de otro tipo de padecimientos – en este caso, ginecológicos –, no nos lleva sino a limitar nuestra experiencia profesional y de vida, sometiéndonos a un conformismo postmoderno en el que las recetas son el pan de cada día y la creatividad parece estar menguando en detrimento de la fantasía y el pensamiento humanos.

REFERENCIAS

Bibliográficas

-          Bergeret, J. (1974). La Personalidad Normal y Patológica. Barcelona: Gedisa.
-          Bion, W.R. (1975). Aprendiendo de la Experiencia. Buenos Aires: Paidós.
-          Etchegoyen, R.H. & Arensburg, B. (1977). Estudios de Clínica Psicoanalítica sobre la Sexualidad. Buenos Aires: Nueva Visión.
-          Freud, S. (1905). Tres Ensayos sobre Teoría Sexual [Obras Completas. Tomo VII]. Buenos Aires: Amorrortu.
-          Hinshelwood, R.D. (2004). Diccionario del Pensamiento Kleiniano. Buenos Aires: Amorrortu.
-          Kernberg, O. (1979). La Teoría de las Relaciones Objetales y el Psicoanálisis Clínico. Buenos Aires: Paidós.
-          Klein, M. (1946). Notas sobre algunos Mecanismos Esquizoides [Obras Completas. Tomo 3]. Buenos Aires: Paidós.
-          _________ (1952). Algunas Conclusiones Teóricas sobre la Vida Emocional del Bebé [Obras Completas. Tomo 3]. Buenos Aires: Paidós.
-          Meltzer, D. (1974). Estados Sexuales de la Mente. Buenos Aires: Kargierman.
-          Segal, H. (1982). Introducción a la Obra de Melanie Klein. Barcelona: Paidós.

Hemerográficas
-          Chacón Barboza, A. Síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser. Agenesia Congénita Vaginal (Caso Clínico). Revista Médica de Costa Rica y Centroamérica, 2010; 67 (592): 135-138.
-          Jonguitud Aguilar,A.; León Arias, J.A. & Reynaga Ortega, C.D. Amenorrea Primaria: A Propósito de un Caso con el Síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser. Revista Mexicana de Pediatría, Mayo-Junio 2010; 77 (3): 123-127.
-          Lau, J; Molina, W.; Andrino, R. & Reyes Martínez, C.A. Síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser. Revista Centroamericana de Obstetricia y Ginecología, Enero-Marzo 2009; 14 (1): 11-14.
-          Morcel, K; Camborieux, L.; Programme de Recherches sur les Aplasies Müllérienes (PRAM) & Guerrier, D. Review. Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH) Syndrome. Orphanet Journal of Rare Diseases, 2007; 2 (13).
-          Sultan, Ch.; Biason-Lauber, A. & Philibert, P. Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser Syndrome: Recent Clinical and Genetic Findings. Gynecologycal Endocrinology, January 2009; 25 (1): 8-11.

Electrónicas
-          http://www.fecasog.org
-          http://www.inper.edu.mx
-          http://new.medigraphic.com/cgi-bin/publicaciones.cgi?IDREVISTA=76
-          http://ninfasderokitansky.blogspot.mx

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