En la relativamente
corta historia del psicoanálisis, infinidad de autores se han dado a la tarea
de elaborar explicaciones e interpretaciones concernientes a la psicodinamia de
trastornos y padecimientos graves – ya sean médicos o netamente psicológicos –,
cuya influencia en el psiquismo del aquejado atrae el interés así de doctos
como de legos. En virtud de lo anterior, y con miras a formar parte de esta
gran cadena de pequeños investigadores,
me he propuesto teorizar la fantasía inconsciente de la señorita R., joven
mujer de 22 años de edad cuyo padecimiento sindromático amenaza la estabilidad
de su ya debilitada estructura psíquica.
El
Síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH, en adelante) consiste,
básicamente, en agenesia vaginal y malformaciones congénitas del útero – entre
otras manifestaciones; esto, dependiendo del tipo: I (aislada) o II (asociada a
otros defectos: auditivos, renales y musculoesqueléticos, predominantemente)
(Morcel, Camborieux, PRAM & Guerrier, 2007) –. A pesar de haber sido
descrito por primera vez en 1559 por Realdus Columbus, no es sino hasta 1829
que, Mayer, ubica dicha anomalía en comorbilidad con otras, siendo Rokitansky
(1838), Küster (1910) y Hauser (1961) los que confirmaran y aportaran nuevos
datos a los anteriormente encontrados (Lau, Molina, Andrino & Reyes
Martínez, 2009). No queda del todo clara la etiología exacta de este síndrome
(Sultan, Biason-Lauber & Philibert, 2009), sin embargo, se sabe que tiene
lugar en etapas tempranas del desarrollo fetal en las que el sexo del mismo se
encuentra aún indiferenciado (Jonguitud Aguilar, León Arias & Reynaga
Ortega, 2010). En suma, los datos epidemiológicos varían dependiendo del autor,
pero la mayoría concuerda en que la incidencia es de 1 en 4,000 o de 1 en 5,000
nacimientos (Sultan et al., 2009).
Empero, dejemos estas descripciones a médicos y especialistas en materia
fisiológica y avoquémonos a lo que a nuestra labor analítica compete.
Teniendo siempre en cuenta la ética
profesional, limitaré la discusión del caso que a continuación reseñamos para
proteger a la paciente en cuyo caso nuestras elucidaciones se encuentran
concentradas.
La
señorita R. acude al Departamento de Psicología de la Institución P. por una
preocupación exacerbada acerca del reciente diagnóstico de MRKH; sin embargo,
no es lo único que la aqueja. Cursa con sueños de angustia en los que, según
ella misma refiere, se vé a sí misma
privada de voz e intentando gritar para dar alcance a un personaje a quien no
identifica. Al desarrollo de la entrevista, encontramos que sus relaciones
objetales primarias fueron turbias y poco gratificadoras: un padre castrador e
inconsistente que la devalúa en todo momento y una madre histérico-pasiva en cuyo seno no puede encontrar solaz ni consuelo,
misma que la enjuicia con frecuencia señalando que una mujer nunca podrá ser
valorada si no deviene madre; figuras ambas que nos llevan a pensar en
introyectos destruidos, sádicos y poco sostenedores. En contraste, todo indica
que la abuela materna – mujer de la que es separada por determinadas
circunstancias, mismas que no comentaremos – es un objeto bueno, rescatador, en
cuya representación simbólica recae la poca estabilidad que aún conserva la
paciente. A partir de este minúsculo fragmento, creo posible una elaboración –
breve, pero concisa – de nuestras hipótesis sobre este caso tan particular.
En sus Tres Ensayos sobre Teoría Sexual, Freud
(1905) nos deja en claro su postura ante la formación identitaria de la
sexualidad tanto del varoncito como de la pequeña fémina, en la que el complejo de castración y la envidia del pene juegan un papel
preponderante. Sin embargo, y a partir de las formulaciones teóricas de importantes
estudiosos como fueran Karen Horney, Melanie Klein e incluso Ernest Jones, la
postura freudiana ortodoxa es refutada (Etchegoyen & Arensburg, 1977).
Todos estos autores
afirman explícita o implícitamente que la niña conoce su cuerpo a través de
sensaciones éxtero, íntero y propioceptivas y de las fantasías concomitantes.
Del mismo modo, el niño tiene un conocimiento temprano de la vagina como órgano
que ha de contener el pene (como la boca contiene el pezón y el recto el
cilindro fecal) (ibid).
Entonces, ¿qué fantasías
internas prevalecen en la mente de la señorita R.? Pensemos en el desarrollo
temprano. Queda claro que, en la posición
esquizo-paranoide (Klein, 1946), el infante concentra sus pulsiones oral libidinales y oral sádicas en la madre, misma que supone un objeto parcializado:
ora gratificante, ora frustradora (Klein, 1952). Así pues, y cada vez que la
satisfacción le es denegada, aquél profiere ataques fantaseados que pueden
presentarse en 2 formas: ataque oral,
en el que el cuerpo de la madre es vaciado de todo lo bueno y deseable; o bien,
ataque anal, en el que el cuerpo de
la misma es invadido por objetos propios destruidos vía identificación proyectiva (ibid).
La ansiedad persecutoria nace de
estas 2 modalidades pues, ya sea el vaciamiento de la madre o la invasión
masiva de su vientre, suponen el peligro de retaliación
o de dominio por parte del objeto atacado (Segal, 1982), similar a lo que
ocurre cuando el tirano meltzeriano
aparece en la escena primaria interna (Meltzer, 1974), ya sea disfrazado como
alguno de los 5 participantes básicos o como un sexto en discordia.
Tomando
como base el marco teórico de las escuelas kleiniana y postkleiniana, así como
las pequeñas pistas clínicas del caso R., podemos asumir que la persecución y
ataque reales proferidos por sus padres, principalmente, se sumaron a las
proyecciones agresivas de la propia paciente, deviniendo la mutilación “real” –
y fantasmática a la vez – de su cuerpo: la eliminación total de sus capacidades
procreativas. Por tanto, sus gritos tienen que ser acallados; el mutismo es la
mejor defensa que su Yo ha encontrado
para evitar consecuencias peores como la despersonalización o incluso la
desintegración masiva. En suma, y análogo a estas fantasías, clama por la
presencia de objetos auxiliares que la sostengan en este período confuso y
aversivo. Desafortunadamente, esta no es sino una interpretación somera del
sueño que nos narra, mas su veracidad podría ser comprobable únicamente
mediante un análisis más exhaustivo y profundo al que sólo el psicoanálisis o
técnicas afines podrían acceder. Ahora bien, si sus pulsiones agresivas no hallaron
el sustento y rêverie (Bion, 1975) necesarios
en sus padres, todo indica que su abuela funge como objeto interno bueno y
continente, por lo que las ansiedades de nuestra paciente devinieron tanto más
tolerables que si ésta no hubiese estado presente. A pesar de ello, sus
relaciones interpersonales fuera del núcleo familiar oscilan entre la
reparación maníaca y la propiamente dicha, a saber: R. sostiene una relación de
noviazgo con K., sujeto con quien no tiene intereses en común y afirma no
querer, pero al que no dejará por ser una persona noble. Podemos pensar en una
búsqueda auténtica por no dañar al objeto pero, más concretamente, en una
tendencia que la protegerá de la retaliación
al abandonar al mismo. Lo anterior apunta a mecanismos de defensa arcaicos,
pero no por ello podemos ubicarla en los niveles intermedios o inferiores
propuestos por Kernberg (1979) pues, como bien menciona Jean Bergeret (1974),
todo mecanismo de defensa puede aparecer en estructuras antitéticas a su
naturaleza y la estructura de R. es claramente neurótica.
Citando
a Hinshelwood (2004): “El impulso para
explorar objetos nuevos y ampliar el mundo del infante nace de la ofensa, la
pérdida y las fantasías terribles concomitantes”; así pues, y a pesar de
todas las vicisitudes evidentes – tanto psicológicas como sociales –, el
pronóstico de R. es bueno y no podemos sino pensar que una psicoterapia bien
llevada le será de gran apoyo; lo anterior, en coadyuvancia con las novedades
de la medicina actual –quirúrgicas y no quirúrgicas – pues, el bienestar del
paciente, recae en los hombros no sólo de médicos sino de especialistas de la
salud mental, ambas partes interesadas en la mejoría de su calidad de vida y
estabilidad emocional.
El
presente ensayo constituye, en cierta forma, una suerte de denuncia cuya meta
es exhortar al clínico a explorar más allá del mundo de las enfermedades y
trastornos mentales contenidos, por citar una publicación, en el Manual Diagnóstico de Enfermedades Mentales (DSM
IV), puesto que el cerrarnos al conocimiento de otro tipo de padecimientos – en
este caso, ginecológicos –, no nos lleva sino a limitar nuestra experiencia
profesional y de vida, sometiéndonos a un conformismo postmoderno en el que las
recetas son el pan de cada día y la creatividad parece estar menguando en
detrimento de la fantasía y el pensamiento humanos.
REFERENCIAS
Bibliográficas
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Patológica. Barcelona: Gedisa.
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Freud,
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Sexual [Obras Completas. Tomo VII]. Buenos Aires: Amorrortu.
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Objetales y el Psicoanálisis Clínico. Buenos Aires: Paidós.
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Esquizoides [Obras Completas. Tomo 3]. Buenos Aires: Paidós.
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Hemerográficas
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K; Camborieux, L.; Programme de Recherches sur les Aplasies Müllérienes (PRAM)
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Sultan,
Ch.; Biason-Lauber, A. & Philibert, P. Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser Syndrome:
Recent Clinical and Genetic Findings. Gynecologycal
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Electrónicas
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http://www.fecasog.org
-
http://www.inper.edu.mx
-
http://new.medigraphic.com/cgi-bin/publicaciones.cgi?IDREVISTA=76
-
http://ninfasderokitansky.blogspot.mx
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