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martes, 10 de julio de 2012

Sobre la Afectación Social del Niño Mexicano: Descomposición y Recomposición en la Familia Postmoderna [Javier J. León]


En un mundo sumido en lo que Frederic Jameson atinara en llamar esquizofrenia social (Habermas, J.; Baudrillard, J.; Said, E.; Jameson, F. et al., 2000), las familias se descomponen y recomponen, adquieren una nueva forma – o re-forma – devenida, las más de las veces, caótica; lo anterior, surgido a raíz de la confusión intrínseca que a la postmodernidad caracteriza como síntoma y trastorno. Sin embargo, el advenimiento de familias homoparentales, la posibilidad que han adquirido las mujeres de procrear sin la necesidad del portador de la simiente masculina y otros modelos descritos, principalmente, por Élisabeth Roudinesco (2003), no son sino la punta del iceberg en el universo de la problemática actual: la aparición de enfermedades incurables transmitidas genéticamente por padres infectados, la distribución inequitativa del capital en pequeños sectores de la sociedad dominados por figuras de poder carentes de rostro, el decaimiento de la educación en todos sus niveles, la sustitución de la manufactura por la mecanofactura, el consumo de alimentos trans y el desarrollo físico precoz de algunos niños derivado de ello, el uso indiscriminado de antibióticos y píldoras que han llevado a los medicamentos a formar parte de la canasta básica del hogar, la longevidad cada vez mayor de los habitantes de países industrializados 1… Todas y cada una de estas situaciones actúan en una forma rizomática desvirtuada (Deleuze & Guattari, 1988), pervirtiendo las dinámicas familiares actuales – ya de por sí afectadas – y, por tanto, el escenario interno de cada sujeto. Es así que, en breves párrafos, intentaré elucidar de la manera más clara posible la forma en que algunos de estos factores han influido en la colectividad actual, predominantemente en el sector juvenil.


Del Morbo Sacro

El SIDA es una enfermedad vírica relativamente nueva, sin embargo, aún no hay un consenso sobre la etiología específica de la misma: la mordedura del cercopiteco verde – especie de simio habitante de Zaire a la que el virus afecta endémicamente – y la retransmisión vía mosquito entre la población humana (Pamplona-Roger, 1986), prácticas zoofílicas en zonas pertenecientes al África Central (Durham & Cohen, 1990), etc. Ambas, teorías que prevalecen a la fecha. Empero, no es mi intención abordar los antecedentes históricos de la enfermedad, sino la forma en que su aparición ha devenido recomposición en familias mexicanas de estratos socioeconómicos medios e inferiores, principalmente.

Según estimaciones de la Panamerican Health Organization,

en América Latina y el Caribe se infectan más de 500 personas por día, lo cual implica que muchos de esos hombres, mujeres y niños morirán en la siguiente década, uniéndose a las 557 mil muertes ocasionadas por el SIDA en los últimos veinte años (PAHO, 2001 en Alarcón Segovia & Ponce de León Rosales, 2003).

En suma, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) distingue 3 formas de epidemia en cuanto a dicha entidad fisiopatológica: 1) Epidemias predominantemente heterosexuales; 2) Epidemias predominantemente homo-bisexuales y 3) Epidemias mixtas, con peso importante de los usuarios de drogas inyectables (UDI) (OPS, 2001 en Alarcón Segovia & Ponce de León Rosales, 2003). De estas 3 modalidades, la primera impera en Centroamérica, representando un 79% de los casos acumulados (ibid). Así pues, resulta fácil inferir que, en México, la transmisión del virus al producto fetal se da con mayor frecuencia que en otras entidades de América Latina. Entonces, ¿qué ocurre en el núcleo de familias infectadas cuando el pequeño ser contagiado sale al mundo? Mi propia experiencia en instituciones de salud de cuarto nivel me indica que no todo es desolación y sufrimiento para el mismo: tratamiento multidisciplinario, apoyo familiar e institucional son factores que coadyuvan en la disminución de la mortalidad a corto plazo que caracteriza a esta entidad. Sin embargo, hay muchas otras realidades menos favorables... ¿Qué ocurre con los niños cuyos padres son enfermos terminales? ¿Qué clase de introyectos destruidos colman su mundo interno ante la presencia fantasmática y real de la temida muerte? ¿Está hecho nuestro país para llevar un seguimiento eficaz de este tipo de casos…? Tristemente, no. El hecho es que un alto porcentaje de estos niños pasa por la recomposición paulatina de la estructura familiar a la que pertenecían, fuera ésta sana o no; ora, orillándolos a la búsqueda de un vínculo gregario con sujetos en la misma condición médica – durante la adolescencia, principalmente –, ora, al aislamiento social y/o familiar 2. No obstante, así como el ambiente sufre un cambio real para con el infectado, los teatros de la mente experimentan una situación análoga que bien puede pervertir en blancos (Green, 1994) o productos muertos en el escenario personal. Pero las enfermedades incurables no son la raíz única ni el factor causal por excelencia de la recomposición familiar.


Sobre el Despotismo poco Ilustrado

La guerra imperialista ha acelerado y agudizado extraordinariamente el proceso de transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado. La monstruosa opresión de las masas trabajadoras por el Estado, que se va fundiendo cada vez más estrechamente con las asociaciones omnipotentes de los capitalistas, adquiere proporciones cada vez más monstruosas (Illich Ulianov, 1917).

Breve frase introductoria a una de las más famosas obras del a veces repudiado, y otras veces vitoreado, Vladimir Illich Ulianov, Lennin, misma que nos hace ver, casi 100 años después, que nuestra situación económico-política actual no es, por mucho, tan actual. Sin embargo, y como bien señala Antonio Sandoval Ávila, sí ha sufrido de una suerte de transformaciones, evolucionando a lo que hoy en día se conoce como globalismo, “concepción según la cual el mercado mundial desaloja o sustituye al quehacer político, esto es, la ideología del dominio del mercado mundial o la ideología del liberalismo” (2007).

Siguiendo el modelo criticado por Lennin, los monopolios capitalistas unirían sus fuerzas con las del Estado para, así, atraer ganancias multimillonarias que, con mayor facilidad y respaldo de la legalidad, podrían concentrarse en pequeños sectores de la sociedad 3. Desde el advenimiento del globalismo, estos pequeños sectores han alcanzado un poder tan absoluto que el Estado ya no tiene forma de frenarlo, quedándole únicamente la subordinación y concesión de ridículas facilidades 4. Este, y otros factores, no hacen sino ir en detrimento de la capacidad adquisitiva del pueblo bajo una lógica mercantilista del manejo de recursos que no ha servido sino para depauperar al desposeído y llenar más las arcas del preenriquecido. Por tanto, la dinámica familiar vuelve a sufrir una transformación. Los hijos entran a laborar en edad escolar, ya sea vendiendo chicles, haciendo malabares o incluso empaquetando frituras, y no es que el trabajar desde temprana edad sea un problema en sí; el acento recae sobre las jornadas extenuantes y mal remuneradas a las que se enfrentan, mismas que no dejan espacio para el libre esparcimiento o el estudio, situación tan necesaria en un país donde los libros sirven más de calzador que de instrumento lúdico y continente de conocimientos. Entonces, ¿qué ocurre con aquellos niños (as) sin oportunidades académicas ni de ninguna otra clase? No cabe duda de que, en el caso de los que trabajan como obreros, asumirán un rol que no les corresponde dentro del núcleo familiar, como el del proveedor, por ejemplo. En el caso de los niños no trabajadores, pero que tampoco acuden a la escuela por determinadas razones, podemos suponer 3 posibilidades principales: 1) Algunos no ocuparán su tiempo sino en actividades improductivas como el ver TV durante todo el día; 2) Otros buscarán relacionarse con niños en su misma situación, lo que podría llevarlos a delinquir como diversión y, posteriormente, como estilo de vida y modo de supervivencia; 3) Otros tantos se verán en la necesidad de cubrir el papel de ama de casa – sean hombres o mujeres –, volviendo a ejercer un rol poco adecuado a sus capacidades tanto físicas como cognitivas, entre éstas últimas, el discernimiento. Así pues, no toda consecuencia repercute negativamente en la estructura familiar ni de sus miembros, todo dependerá de su cohesión articular y de la fortaleza yoica de éstos. Si bien un niño trabajador decide delinquir para atraerse mayores ganancias, otro niño en condiciones similares puede decidir invertir sus pobres ingresos en la escuela para, poco a poco, alcanzar otro nivel en el que su trabajo valdrá un poco más que el sueldo mínimo.

Lo anterior no nos obliga sino a reflexionar acerca de la decadencia de un complejo de sistemas oligárquicos que han convertido – en el imaginario colectivo – a la Ley del Padre (Lacan, 1958) en una especie de modelo hysterofalocéntrico que recuerda a la figura combinada concebida en la teoría psicoanalítica kleiniana (1945); lo anterior, sin alcanzar la fase femenina y, por tanto, la capacidad para formar los símbolos generadores de otredad, creatividad y productividad. Podríamos argüir que estamos sometidos a un sistema fetiche, mismo que nos hunde en la renegación y falsa idea de que Estado (♂) y Nación (♀) son uno y el mismo; en consecuencia, la primera reacción del postmoderno es alienarse al modelo del Estado (♂) Neoliberal (♂), deslindándose de responsabilidades y culpa, pues el ensimismamiento narcisista es el mejor refugio del terror que aquella figura combinada representa. En vez de progresar, caemos en las redes de nuestros propios mecanismos regresivos que, a pesar de todo, nos mantienen aparentemente equilibrados aunque en una especie de narcicización social.

Teniendo en cuenta que la Ley del Padre no es patente sino como representación con la que se puede investir, ora al padre, ora a la madre – con clara inclinación de la balanza hacia el primero –, una vuelta a la familia (♀) y la insubordinación a los dispositivos inflexibles de el Estado (♂) demuestra ser la solución que inconscientemente buscamos actualmente. A partir de esto, podemos teorizar 2 posibilidades: 1) La renuncia al padre posibilitaría la elaboración de un Edipo social en el que cada grupo buscaría la representación materna en figuras alternativas y mediante la formación de una familia propia; 2) En vez de desplazar e investir objetos nuevos, la vuelta a la familia se convertiría en una vuelta literal hacia la madre, evidenciando fantasías simbióticas y en ninguna forma progresivas (Mahler, 2005). Después de todo, primero hubieron una Gea, una Isis, una Lilith y otras representaciones femeninas que en algún momento imperaron sobre la Ley del Padre. En México, la conquista favoreció el desplazamiento de Coatlicue en la figura de la Virgen de Guadalupe; esto, no en la forma que se esperaría para hallar una homeostasis psíquica real. Sólo podemos esperar a ver cómo las nuevas generaciones elaboran su propia actualidad, no sin antes dotarlas de una historización congruente que las lleve a asimilar la problemática social, no sólo en beneficio personal sino en aras de ayudarse en colectividad, esperando los dispositivos de control económico-políticos no coadyuven más en la instauración de la improductividad mental que, a la fecha, nos caracteriza como sociedad. 






Notas

1 En un profundo estudio antropológico sobre l’histoire des mentalités, Robert Darnton (1987) deja en claro que muchas de estas situaciones no son exclusivas e inherentes al siglo XX; así pues, la causa formal de las manifestaciones sociales puede variar, pero la causa eficiente sigue concurriendo con dificultades cuasidénticas.

2 Hace un tiempo, tuve la oportunidad de entrevistar a un joven afectado por el virus, mismo que buscó solaz y consuelo en compañeros afectados por su misma condición médica. El acento recae en el hecho de que no siempre la familia consanguínea será en quien recaiga la confianza o la búsqueda de apoyo; a veces, incluso, ni siquiera será la más indicada para promover la profilaxis psíquica que estos individuos necesitan. Claro que esto no significa que el aproximarse a personas en igual situación sea la panacea pues, como bien me demostró aquél joven, la continua convivencia de esta índole puede llevar a conflictos más serios ante el encuentro constante con la pulsión de muerte de otros individuos.

3 Ahí tenemos el ejemplo de magnates tales como Carlos Slim Helú (Grupo Carso), Emilio Azcárraga Jean (Televisa), Ricardo Salinas Pliego (TV Azteca) e incluso el afamado narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, alias, El Chapo Guzmán (Véase Referencias Electrónicas).

4 Recordemos el caso de Rafael Caro Quintero, otro capo de la droga cuyo poder económico era tal, que se ofreció a pagar la deuda externa del país a cambio de poder seguir traficando a placer. Incluso el monopolio de Telcel frente a otras compañías de telefonía celular es excelente ejemplo del poder del capital sobre el del Estado pues, a pesar de que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) es una dependencia del gobierno, no ha podido hacer mucho en cuanto a las altas tarifas de esta empresa y al hecho de que sólo Telcel tiene alcance de señal en casi toda la República.






Referencias

Bibliográficas

  • Alarcón Segovia, D. & Ponce de León Rosales, S. (2003). El SIDA en México: Veinte años de la Epidemia. México: El Colegio Nacional.
  • Darnton, R. (1987). La Gran Matanza de Gatos y otros Episodios en la Historia de la Cultura Francesa. México: FCE.
  • Durham, J. & Cohen, F. (1990). Pacientes con SIDA. Cuidados de Enfermería. México: El Manual Moderno.
  • Green, A. (1994). El Trabajo de lo Negativo. Buenos Aires: Amorrortu.
  • Habermas, J.; Baudrillard, J.; Said, E.; Jameson, F. et al. (2000). La Posmodernidad. México: Kairo.
  • Illich Ulianov, V. (1917). El Estado y la Revolución. Madrid: Alianza Editorial. 2006.
  • Klein, M. (1945). El Complejo de Edipo a la Luz de las Ansiedades Tempranas [Obras Completas, Tomo I]. Buenos Aires: Paidós.
  • Lacan, J.J. (1958). La Significación del Falo [Escritos]. México: Siglo XXI.
  • Mahler, M. (2005). Simbiosis Humana. México: Joaquín Mortiz.
  • Roudinesco, É. (2003). La Familia en Desorden. México: FCE.
  • Sandoval Ávila, A. (2007). De la Familia a la Calle: La Expulsión de los Hijos. México: Universidad de Guadalajara.


Hemerográficas

  • Pamplona-Roger, J. D. Sida (aids). Suplemento de Viva Mejor. México, D.F. Publicaciones Internacionales de la Pacific Press. 1986. p.p. 2,3.


Electrónicas

  • http://www.forbes.com/billionaires/#p_1_s_a0_All%20industries_All%20countries_All%20states_Mexico

La Función Paterna en la Clínica Psicoanalítica [Blanca Aranda, Francisco Ochoa, Irene Aguado & Laura Palomino]


Autores: Blanca Aranda Boyzo*, Francisco Ochoa Bautista**, Irene Aguado Herrera***, Laura Palomino Garibay****

* Profesor Asignatura Psicología Social Aplicada UNAM Campus Iztacala
** Profesor Asociado "B" T.C. Psicología Social Teórica. UNAM Campus Iztacala
*** Profesor Asociado "B" T.C. Psicología Social Teórica. UNAM Campus Iztacala
**** Profesor Asociado "B" T.C. Psicología Social Aplicada. UNAM Campus Iztacala


RESUMEN

La función paterna en la clínica psicoanalítica constituye un epicentro crucial en la estructuración psíquica del sujeto, puesto que esta función es la que permite vehiculizar al significante fálico que es lo que separa a la madre del hijo, introduciéndose de esta manera la castración, y colocando así al sujeto en una posición de falta.

La función paterna posibilita esa condición de falta en la existencia del sujeto, abriendo un vacío que no puede ser colmado. Esta falta posibilita el deseo, y la demanda, siempre metonímica e inagotable, pues remite a la carencia generada siempre por la castración.

La función del padre simbólico como soporte de la ley al prohibir el incesto, posibilita el ingreso del sujeto al orden de la cultura y accediendo el niño a la metáfora paterna se instala en el orden simbólico.

DESCRIPTORES: Función paterna, estructura psiquica, sujeto, deseo.

En la práctica clínica psicoanalítica la función del padre constituye un epicentro crucial en la estructuración psíquica del sujeto, puesto que esta función es la que permite vehiculizar al significante fálico que es lo que separa a la madre del hijo, introduciéndose de esta manera la castración, y colocando así al sujeto en una posición de falta, siendo esta falta fundamental para el surgimiento del deseo en el sujeto. Por lo que al abordar la práctica clínica psicoanalítica no puede dejarse de lado a la función paterna.

En el presente trabajo se analiza la función del padre en el caso de Juanito desde la concepción de Freud, y la relectura que hace Lacan en el seminario de la relación de objeto.

Parte I

En el seminario sobre la relación de objeto, Lacan inicia destacando que toda la obra de Freud se puede leer alrededor de un eje central, la función del padre: "... a través de sus sueños y el progreso de su pensamiento, todo lo que ahora sabemos de su vida, de sus costumbres, incluso de sus actitudes en su familia, contada por el señor Jones de una forma más o menos completa, pero cierta - toda ella se resume a esto - ¿ Qué es ser un padre? "(Lacan, 1995, p 206). La magnitud de la pregunta nos interroga por ese significante fundamental, que nos hace deudores con nuestros padres y nos lanza a la vez a esa aventura de la paternidad. Y aún en el caso de ya ser padres -no se puede cantar victoria- pues la acción concreta, no significa haber accedido a esa posición paterna.

En Freud ¿cómo aparece la figura paterna? es una pregunta que adquiere diferente significado a partir del momento teórico - sin pretender profundizar en el tema - podemos destacar su primer encuentro con ese adulto seductor que introduce violentamente a la sexualidad a la niña y ese papel generalmente corresponde al padre.

Las famosas palabras "ya no creo en mis neuróticas ", parecen dar al traste con la teoría de la seducción sostenida en ese momento y con ello el difícil reconocimiento de aquellas historias de seducción infantil como acontecimientos reales. Desde luego el pensamiento freudiano tendrá que sufrir otras rupturas como lo es el reconocimiento de que tantos padres no pudieron haber seducido a tantas hijas, que en el mundo psíquico no es posible establecer una distinción entre realidad y fantasía, que no es posible llegar al evento traumático entre otras cosas.

No fue sino después, del principio de su propio "autoanálisis" cuando descubrió las causas oscuras de su propia incredulidad; la seducción del hijo que atribuía al padre (al suyo propio) en realidad disfrazaba los deseos incestuosos del hijo (también de él mismo). Esto marca un giro radical en la cuestión teórica, pues en primer lugar exime de cualquier responsabilidad de seducción a su padre, ayudándolo a convencerse a él mismo de que la teoría de la seducción era insostenible. Freud descubrió en cambio; recuerdos, episodios sexuales menos dramáticos, que involucraban a la mujer que había sido su niñera. No da muchos detalles acerca de esos episodios, pero declara "ella era mi maestra en cosas sexuales".

Sin embargo, las experiencias con su niñera no podían explicar los sentimientos hostiles en contra de su padre, y no podían descubrir el origen de tales sentimientos. Dentro de las múltiples asociaciones realizadas, Freud mismo atribuye un lugar especial al hecho de haber visto desnuda a la madre a la edad aproximada de dos años. Ante el vacío de cualquier otra explicación, llegó a la conclusión de que este hecho debe haber servido para suscitar impulsos sexuales y generar los celos contra el padre. Por tanto, a Freud ésto lo hacía suponer que la atracción sexual infantil por la propia madre y los celos contra el padre probablemente constituyen un fenómeno universal: "también en mí comprobé el amor por la madre y celos contra el padre, al punto que los considero ahora como un fenómeno general de temprana infancia (...). Sí es así, se comprende perfectamente el apasionante hechizo del Edipo rey, a pesar de todas las objeciones radicales contra la idea del destino inexorable que el asunto presupone... Cada uno de los espectadores fue una vez, en germen y en su fantasía, un Edipo semejante, y ante la realización onírica trasladada aquí a la realidad todos retrocedemos horrorizados, dominados por el pleno impacto de toda la represión que separa nuestro estado infantil de nuestro estado actual" (Freud, 1985, p. 3584).

Al reconocer los impulsos edípicos como un fenómeno universal y al desplazar el acento de las seducciones vivenciales sexuales, marcan otro cambio. Pues Freud ahora sugiere que la patogénesis de las psiconeurosis entraña una interacción entre las experiencias sexuales y los impulsos sexuales. El descubrimiento del mito edípico no se convierte todavía en una categoría fundamental, es decir, estructurante de la identidad sexual del sujeto, sino como algo que sucede desde el sujeto y se proyecta hacia los padres. Tendremos que esperar hasta 1905 cuando Freud asiente en Tres ensayos sobre una teoría sexual, dos premisas fundamentales para el complejo de Edipo: a) la existencia de la sexualidad infantil; b) un nuevo concepto de sexualidad, más allá de la genitalidad.

En este estudio Freud se sirve de los prejuicios de la época sobre las perversiones, para sí cuestionarse sobre la pretendida armonía entre sexo biológico y objeto sexual. En este marco surge otro concepto clave: el término "pulsión", eso que empuja a la satisfacción pero sin tener una meta preestablecida - no hay una relación de determinación entre la pulsión y su objeto-, la pulsión no tiene un objeto dado naturalmente. Esto desde luego abre un nuevo horizonte sobre el problema de la sexualidad: ¿cómo se asume la identidad sexual? Si no hay nada instintivo. Si la identidad sexual es algo que el sujeto debe asumir ¿cómo sucede?

Aunque la respuesta de Freud tendrá que esperar otras teorizaciones como son; Psicología de las masas, Tótem y tabú y El problema de la feminidad, poco a poco se va perfilando la idea de que el "complejo de Edipo es la clave de las neurosis".

La estructuración de la sexualidad, desde la concepción freudiana, pasa por diferentes formas de organización, pero un punto central para la constitución de la misma tiene que ver con el complejo de castración, es decir, el paso por el Edipo. En el momento del análisis del caso Juanito, Freud parece apegarse a una noción de Edipo simple: para el niño significa amor hacia la madre y odio hacia el padre, pero el asunto no es tan simple. El niño parte de la teoría sexual sobre la universalidad del pene, pero luego bajo el efecto combinado de la amenaza de castración proferida generalmente por el padre, aunada al hecho de la angustia provocada por la percepción del cuerpo femenino privado de pene; son interpretados como consecuencia de la castración. El eje a partir del cual el Edipo masculino se organiza, culmina y se desanuda es la angustia; la angustia de castración, miedo es ser privado de esa parte del cuerpo que considera de gran estima, el pene. Esto marca la prohibición de la madre, y con ello la promesa de poder acceder a otras mujeres.

En síntesis la conjunción de la percepción de la castración de la madre y la amenaza de castración son los elementos que licitan la angustia. Y aunque la amenaza puede ser proferida por la madre, como el caso de Juanito, su ejecución generalmente recae en el padre; he aquí la función paterna.

Parte II

La mirada lacaniana conceptualiza la función paterna desde otros órdenes de registro, pues en primer lugar descentra la función paterna con respecto a la materna. Además de ello señala el papel mediador que la madre tiene con respecto al vínculo entre la función materna y el hijo, así como su acción radicalmente diferenciadora en relación previa, dual, especular.

Sus consideraciones le adjudican también a la madre una función como estructurante del deseo del niño, pero esta estructuración sólo puede considerarse en función de la doble prohibición paterna. Con ello el padre introduce la ley en el vínculo previo, que determina una ruptura y un reordenamiento. El niño y la madre deben reconocer que el deseo es imposible de colmar con objeto alguno, que la ilusión de llenar la falta es imposible de alcanzar. Recordemos que el niño desea ser todo para la madre, el complemento de su carencia, es el deseo del deseo de la madre y para satisfacerla se identifica en el lugar del falo.

La función paterna, desde la óptica de Lacan, sólo adquiere tal dimensión en la medida en que la metáfora paterna logra reprimir el deseo materno; en tanto ella acepta la prohibición del incesto. Así se prepara la declinación del Edipo, en la medida en que el niño acepta la castración simbólica que efectúa el padre al separarlo de la madre, como no siendo el falo.

La función paterna posibilita esa condición de falta en la existencia del sujeto, abriendo un vacío que no puede ser colmado. Esta falta posibilita el deseo, la demanda, siempre metonímica, inagotable pues remite a la carencia generada siempre por la castración.

La función del padre simbólico como soporte de la ley al prohibir el incesto, posibilita el ingreso del sujeto al orden de la cultura y accediendo el niño a la metáfora paterna se instala en el orden simbólico. Al darle un nombre propio, lo sitúa como integrante respecto a un linaje de generación.

Sin embargo, estamos hablando de un ideal, un paradigma de lo que debería ser el complejo de Edipo y la función paterna, pero tal función siempre falla, siempre hay un reducto de goce que no puede simbolizarse. En este sentido podemos decir que ningún padre está a la altura: " El único que podría responder absolutamente de la función de padre como padre simbólico, sería alguien que pudiera decir como Dios del monoteísmo-- yo soy el que soy--. Pero esta frase que encontramos en el texto sagrado no puede pronunciarla nadie literalmente" (Lacan, op cit. p212). Si tales son los zapatos ¿ no le estaremos exigiendo demasiado al pobre padre de Juanito?

Parte III

¿Qué se está jugando en el caso de Juanito? La pregunta es fundamental porque no sólo estamos frente a la estructuración de la sexualidad, la sexualidad no forma una entidad autónoma, sino por el contrario el asunto va más allá, pues en la sexualidad el sujeto se juega con su subjetividad, y en el caso de Juanito estamos frente a un punto crucial. Estamos en presencia de un momento de constitución que determinará la posición subjetiva de Juanito: neurosis o perversión.

Por otro lado, la obra Freudiana se encuentra en un momento teórico importante, la formulación de Tres Ensayos sobre una Teoría Sexual, ha puesto en la mesa de discusión el problema de la estructuración psíquica, entrelazado con tres hipótesis fundamentales: 1) "Sobre las teorías sexuales infantiles, como es la fertilización a través de la boca, el nacimiento a través del ano, el carácter sádico del coito entre los padres, y la atribución a todos los seres humanos, aún a las mujeres de un pene. Esto a su vez implica interrogantes existenciales, pues el niño se pregunta sobre el origen de los hijos y la diferencia de los sexos; b) Esta concepción suponía una ampliación considerable de la noción misma de sexualidad, ya no haciéndola depender exclusivamente de los órganos genitales. De ahí la idea de una sexualidad perversa polimorfa subyacente en el niño; 3) El complejo de Edipo; la premisa universal del falo y con ello el complejo de castración.

Freud se encuentra la imperiosa necesidad de dar un fundamento a las hipótesis propuestas en tres ensayos, de ahí la insistencia a sus discípulos de compilar observaciones sobre la vida sexual de los niños. No obstante la pregunta sobre el sustento parece mantenerse en pie: "Será acaso imposible averiguar inmediatamente en el niño, en toda su frescura vital, aquellas mociones sexuales y formaciones de deseo que en el adulto exhumamos con tanto trabajo de sus enterramientos, y acerca de las cuales, además, aseveramos que son patrimonio constitucional común a todos los seres humanos y en el neurótico no hacen sino mostrarse reforzados y deformados?" (Freud, 1976, p,7-8). Es así como llega a manos de Freud el caso de Juanito.

Los padres de Juanito son quienes presentan el caso, y a su vez se cuentan entre los discípulos de Freud, este hecho vicia la lectura (o mejor dicho, impone un cierto esquema ), es muy claro en el historial algunas puntualizaciones que hace Freud respecto al padre: " Me veo precisado a intercalar aquí algunas palabras. El padre pregunta demasiado y explora siguiendo sus propios designios, en vez de dejar exteriorizarse al niño mismo" (Freud, op cit. p 24). Algunas de estos señalamientos son igualmente válidos para Freud, sus concepciones lo hacen prejuzgar, su intencionalidad vicia su pensamiento por la preocupación de confirmar la sexualidad infantil, y el complejo de castración.

Así, por ejemplo, a Juanito lo aqueja una fobia, principalmente los caballos, aquí cabe una pregunta; ¿a quién representa el caballo? Para Freud el caballo es una representación del padre castrador: " él sentía angustia ante el padre a causa de sus deseos celosos y hostiles contra éste. Con ello le había interpretado parcialmente la angustia frente a los caballos; el padre debía de ser el caballo a quien, con buen fundamento interior le tenía miedo. Ciertos detalles, lo negro en la boca y lo que lleva antes de los ojos (bigote y gafas como privilegios del varón adulto) por los cuales Hans [Juanito] exteriorizaba angustia, me parecieron directamente trasladados del padre al caballo" (Freud, op cit p.100). La interpretación de Freud es sencilla; el complejo de Edipo simple. El objeto fóbico, el caballo, simboliza al padre, es decir que el niño toma del caballo ciertas propiedades: el bigote, el tamaño, etc. El miedo a ser mordido es el miedo a la figura castradora del padre.

Existe la posibilidad de otra interpretación: el caballo no es el padre sino la madre, esta interpretación no puede ser tan descabellada. Hay muchos argumentos para pensarlo así: Juanito decía que la madre tenía un hace-pipí grande como el del caballo, aquí podemos pensar una madre devoradora muy a la manera kleiniana. Aunque en Freud por un pequeño momento lo afirma: " Así, se creería, el caballo es sólo un sustituto de la mamá".

Pero la interpretación Lacaniana discrepa de la interpretación Freudiana, y una de las razones la podemos encontrar en la manera de trabajar al síntoma. Desde nuestro punto de vista se abren dos posibilidades; la primera la denominaremos síntoma-significación, es decir, al síntoma se le intenta imponer un sentido –revelar su significado oculto—pero tal camino sólo puede conducir a un mayor desconocimiento sobre su deseo, pues siempre espera de un gran Otro esa respuesta que lo signifique, ésta fue una tentación que no dejo de estar presente en los inicios de la obra de Freud.

La segunda la denominaremos síntoma-significante, aquí el síntoma no tiene un sentido previo, sino el respeto de la regla básica conduce a descongelar a través de las asociaciones una interrogante que está más allá del síntoma ¿cuál es el deseo del sujeto?

Estas dos formas de interpretar en Freud nos abren a su vez diferentes horizontes y confrontan a Freud con Freud o Freud matizado por Lacan. Desde la concepción del síntoma-significación cabe la pregunta ¿quién es el caballo? pero la misma nos conduce a un callejón sin salida, pues si intentamos descubrir quién es el caballo la cadena de sustituciones posibles se torna interminable. Lo primero es que el objeto fóbico tiene múltiples caras. Tiende, mediante una especie de difusión, a pluralizarse siguiendo, podríamos decir, las líneas de una inducción significante, también podríamos decir simbólica, ya que entendemos lo simbólico en función del significante. Al lugar del caballo puede advenir casi cualquier persona. Y en ese mismo sentido se desplaza el objeto fóbico, pues no solamente es el caballo, sino que son caballos con carros; son también ciertas posiciones del caballo, el caballo cuando da vueltas, el caballo caído en el suelo. está el miedo a que los caballos se caigan, a los caballos blancos, pero también a los carros, el aspecto metonímico del síntoma también es notorio. Pensando de este modo no es tan importante qué personaje es el caballo, sino la función del "caballo" como un significante que adquiere sentido en función de la cadena discursiva, sin lograr convertirse en una metáfora, o mejor dicho, es una metáfora fallida.

Y es que desde la concepción de Lacan de los tres registros, podemos ubicar que la personificación del caballo, corre más por el registro de lo imaginario. Muy diferente sería pensar el síntoma fóbico como una falla de lo simbólico. El síntoma en sí mismo aparece como una respuesta a esa falla, respuesta que es un remiendo " un parche" para suplir a la función simbólica claudicante. Y es que Juanito se encuentra atrapado en las redes maternas, ser devorado por la madre, cubrir esa falta en mamá: es decir ser falo, "una trampa que hasta antes había sido el paraíso". Pero el asunto es un poco más siniestro:

"Hans: << Pero si nunca te lo he visto cuando te desvestías>>
Otra vez tenso, ve cómo su madre se desviste para meterse a la cama. Ella pregunta: <<Pues ¿por qué me miras así? >>
Hans: <<sólo para ver si tú también tienes un hace-pipí >>
Mamá: << naturalmente. ¿ No lo sabías ?
Hans: << No; pensé que como eres tan grande tendrías una hace-pipí como el del caballo>>" (Freud op cit p. 10).

La madre de Juanito, no sólo seduce a Juanito, sino que niega su castración, para que se produzca un hecho de esta índole es indudable que existe algún problema con respecto al padre. Algo en el padre desfallece o por lo menos no anda bien. En la medida en que el padre no logra convocar la castración de la madre. La madre no puede mirar hacia otro lado --no puede mirar con deseo al padre-- su deseo parece agotarse en el hijo.

Lacan en el seminario de Las formaciones del inconsciente comenta: "recordemos al padre de Hans: presente, inteligente, amable y no obstante totalmente inoperante porque su palabra, ante la madre carece de valor. La posición del padre es cuestionada entonces, y esto es en definitiva lo que sujeta a Hans al deseo de la madre" (Lacan, 1970. p 87).

En este marco, se puede pensar nuevamente la fobia al "caballo" como un grito de auxilio, una llamada al padre, si el padre no es capaz de establecer la ley - no lo castra- Juanito se inventa un caballo terrible. Y es que el padre de Juanito como aparece en algunos sueños se encuentra colocado al mismo nivel: "He estado contigo en Shonbrunn junto a los carneros, y entonces nos colocamos por debajo de la cuerda, y le hemos dicho eso al guardián a la entrada del jardín, y él nos ha atrapado" (Freud, 1976. p 54). En este caso la fobia actúa como una metáfora del síntoma supliendo significativamente la metáfora paterna fallida. Allí aparece la metáfora sintomática. Aparece para suplir lo que ha fallado. Pero destaquemos, lo que le sucede a Juanito es a fin y al cabo una metáfora. Si tal es el sentido del síntoma, la idea de erradicar al mismo sólo por su apariencia como patógeno, se encuentra fuera de lugar, y en su lugar el síntoma adquiere un sentido positivo. La fobia como un organizador del mundo simbólico (en debacle) del niño, como un significante princeps (caballo en este caso), que la hace funcionar como la "placa giratoria" punto eje a partir del cual Juanito tratará de reconstruir su mundo.

Así pues el padre de Juanito pese a su presencia, a su formación en psicoanálisis, no asegura que pueda convocar a la función paterna. Y es que el problema no tiene que ver con cualidades, o con ciertas poses del padre, ni tampoco tiene que ver con la fortaleza o la debilidad en el actuar cotidiano, en este sentido podemos decir: " El padre real [...] por muy sostenido y respaldado que esté por el padre simbólico, participa en todo ésto como un pobre hombre" (Lacan op. cit. p 232).

Esto es lo imposible del quehacer psicoanalítico, no hay recetas, ni conjuros, en cuanto a cómo poder convocar a ese padre simbólico que posibilita la metáfora paterna. En psicoanálisis el tiempo parece estar cambiado, pues sólo podemos saber por resignificación, la operancia o la inoperancia de tal función. No en vano Lacan afirma: "El padre simbólico es impensable, hablando con propiedad".

En el caso Juanito, nos encontramos con una función paterna más del orden imaginario, de ese padre que Juanito coloca más en el orden de la rivalidad, y de la identificación. Las carencias del padre real no pueden ser subsanadas, en tanto no haya padre simbólico que vehiculice la castración. Cuando ha habido fallas en la elaboración de la simbolización, esta función se imaginariza continuamente (sea en las fantasías, sueños o ciertas acciones) todas nos hablan de una idea de corte más o menos desfigurada, formas de suplencia frente a esa no-castración. Si no hay castración simbólica en el caso de Juanito ¿de qué tipo de castración estamos hablando?

¿Tampoco podemos decir que está forcluida? ¿Podemos hablar castración imaginaria pero al fin castración? o ¿Castración simbólica un tanto fallida? Tendemos a pensar más en una castración fallida en Juanito. Tal posibilidad se abre en la medida, en que Juanito cae de ser el falo de la madre, esto sucede particularmente cuando nace la hermana; tal acontecimiento posibilita que la madre mire hacia otro lado. Si a Juanito lo ponemos en el orden de las neurosis -- lo cual ya es ganancia-- se asegura un cierto tipo de castración y un cierto tipo de resolución del Edipo; ¿Juanito resolvió su Edipo?

Desde la perspectiva de Freud el caso Juanito --aún para la sorpresa de él mismo -- concluye con un cierto éxito, no en vano Freud narra al final del caso, que catorce años más tarde, recibió una gran satisfacción con la visita del pequeño Juanito, convertido en un joven y comprometido en casamiento. Sin embargo habría qué preguntarse ¿si aunque para Juanito todo termina bien, para Freud también y para sus padres de igual modo?, ¿para el psicoanálisis todo termina bien? No creemos que del todo, pues en la medida en que Juanito progresa y parece empezar a salir de la fobia, surge en cambio otra fantasía donde el padre está mejor ubicado en la estructura; es una fantasía final, que casi concuerda con el momento de la curación, en la que el padre se casa con la abuela, mientras que Juanito se casa con la madre, esto indudablemente le restituye un lugar y una distancia en la línea generacional. Sin embargo se preserva la relación narcisista-fálica con la madre. Propiamente hablado podemos decir que en el caso de Juanito, se abre la siguiente hipótesis: no hay resolución edípica, y sólo ha habido resolución de los síntomas.

Concluimos el trabajo con una cita sobre Juanito de Lacan: " Si seguramente tendrá toda la apariencia de un heterosexual normal. Sin embargo, el camino que habrá recorrido en el Edipo para llegar hasta ahí es un camino atípico, vinculado con la carencia del padre." (Lacan, op cit, p. 388). Esto desde luego nos hace preguntarnos: si Juanito tiene la apariencia de heterosexual podrá ¿asumir subjetivamente la sexualidad masculina? ¿Podrá Juanito asumirse en la función paterna?


Bibliografía
·        Freud S. (1950) Cartas a W. Fliess en E. Kriss. Los Origenes del Psicoanálisis. En Freud, S.(1981) Obras Completas. Tomo III. Madrid. Biblioteca Nueva.
·     Freud, S. "Análisis de la Fobia de un Niño de Cinco Años" en Obras Completas de Freud, S, Buenos Aires, Ed. Amorrortu 1976 p. 7-8.
·         Lacan J. (1970) Las formaciones del Inconsciente. Buenos Aires: Nueva Visión.
·         Lacan J. (1995) Seminario: La Relación de Objeto. Barcelona: Paidós.